Posteado por: Julio J. | 21 Diciembre 2009

Polémica episcopal: Munilla a San Sebastián

El pasado 21 de noviembre el papa Benedicto XVI nombró obispo de San Sebastián a José Ignacio Munilla, actualmente obispo de Palencia. En principio, la noticia debería ocupar, como los restantes nombramientos episcopales, unas pocas líneas en los periódicos locales. Sin embargo, este vez fue diferente. Ni San Sebastián es una diócesis cualquiera, ni José Ignacio Munilla es un obispo al uso.

De las tres diócesis vascas, la guipuzcoana es tal vez la que presente un carácter más puramente euskaldún; tierras antaño de gran tradición y profundas raíces religiosas, la secularización la está golpeando de un modo particularmente intenso. Cifras de práctica religiosa, de vocaciones religiosas, de alumnos matriculados en clases de religión bajo mínimos. Y José Ignacio Munilla, que  el 9 de enero tomará posesión de la catedral del Buen Pastor, es el segundo obispo más joven de España, responsable de la Pastoral Juvenil en la Conferencia Episcopal Española, habituado a la evangelización en los medios de comunicación, conocido por su claridad al exponer la doctrina cristiana, y párroco que dejó un recuerdo imborrable entre sus feligreses de Zumárraga, durante los 18 años que estuvo al frente de ellos.

Sin embargo, las reacciones no se han hecho esperar: la prensa no tardó en hacer conjeturas, denunciando que el nombramiento formaba parte de una estrategia bien programada para cambiar el rumbo de la iglesia vasca, y poniendo en evidencia el supuesto perfil ¨no nacionalista¨ y ¨ultraconservador¨ de Munilla. A finales de diciembre, un grupo de sacerdotes guipuzcoanos, el 77% de los párrocos, suscribieron una carta para expresar su ¨malestar¨ por el nombramiento. No han faltado tampoco golpes bajos, insultos e increíbles difamaciones, como la protagonizada por el franciscano de Aránzazu José Arregui, que ha acusado públicamente a Munilla de ¨conspiración¨, posteriormente desmentida por Xabier Murua, sucesor del obispo en la parroquia de Zumárraga. Declaraciones de políticos, de agentes sociales, grupos de apoyo en las redes sociales, páginas web que agrupan  los detractores… Quizá debemos remontarnos a 1995, cuando el abulense Ricardo Blázquez fue nombrado obispo de Bilbao, para recordar otra polémica semejante por un nombramiento episcopal.

No cabe duda de que la situación en el País Vasco es compleja, y que los factores políticos y religiosos se entremezclan. ¿Pero es justo utilizar paradigmas exclusivamente políticos para valorar este nombramiento?

Detrás del nombramiento de Munilla hay un deseo de revitalizar la Iglesia vasca, antaño una de las más fecundas de España. Se envía a la diócesis donostiarra a un obispo joven, preparado, dinámico, entusiasta y que no rehuye los medios de comunicación. Los sacerdotes que ahora protestan por el procedimiento de elección de obispos (y que no protestaron en ocasiones anteriores, en las que se siguió el mismo procedimiento), no tendrán más remedio que dejar a un lado los prejuicios y aceptar desde la fe el nuevo obispo, dispuestos a colaborar lealmente con él y a construir la comunión diocesana. Y el obispo, sin duda, tendrá que escuchar, saber delegar, coordinar y aceptar la legítima pluralidad eclesial, hasta hacerse con las riendas de una iglesia compleja, envejecida y politizada.

A partir del 9 de enero, veremos cuál es el Munilla verdadero: el duro e intransigente conservador que pintan sus detractores, mano derecha del cardenal Rouco en tierras vascas, o el cercano párroco que ayudaba a sus fieles a pasar el mono, el aizkolari de Dios, como lo han denominado algunas entrevistas. Los que le conocemos, sabemos que se va a ganar a la gente y se meterá la diócesis en el bolsillo con paciencia, humildad y fe.

Posteado por: Julio J. | 8 Diciembre 2009

Ecología humana

Desde hoy hasta el 18 de diciembre los líderes de 192 países se encuentran en la capital danesa en uno de esos encuentros que marcan época. Se trata de la conferencia de la Onu (Cop15) cuyo objetivo es reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera para tratar de frenar el efecto invernadero. En las dos semanas que durarán los trabajos, numerosos científicos intentarán convencer a los políticos que el mundo se encuentra ante una alternativa vital: está en juego el futuro del planeta. Si fracasan los intentos de lograr un acuerdo para evitar el aumento de la temperatura media de la tierra, nos encaminamos hacia un escenario catastrófico, semejante al que Al Gore diseñó en su famoso documental ¨Una verdad incómoda¨.

Los intereses de los países ricos y pobres se contraponen. Mientras los primeros ya han realizado su industrialización, lanzando a la atmósfera el mayor porcentaje de CO2, los segundos prácticamente no han contribuido al calentamiento al no realizar aún su proceso de industrialización, por lo que creen que son los países ricos quienes deben reducir drásticamente sus emisiones, permitiendo a los pobres aumentarlas aún más. Por ejemplo, los Estados Unidos son responsables del 20,34% del CO2 mundial emitido anualmente a la atmósfera, y tienen únicamente el 4,59% de la población global. Al otro extremo aparece India, que emite un 4,46% del CO2 y tiene el 16,98% de los habitantes del planeta. Los países ricos, cuyas emisiones superan con mucho su demografía, tienen miedo que los grandes -Rusia, China, India, Brasil- les alcancen o impongan limitaciones, lo cual llevaría a una situación insostenible desde el punto de vista ambiental. Y el punto de partida no parece muy esperanzador: Estados Unidos se reunió hace un mes con China e India para preparar el encuentro de Copenhagen sin llegar a acuerdos concretos acerca la reducción de sus emisiones y abogando por llegar a compromisos de carácter estrictamente político.

Por otra parte, no todos los científicos comparten los temores de Al Gore y la revolución verde propuesta por Greenpeace. Un conjunto cada vez mayor de estudiosos aseguran que no existe una correlación entre el calentamiento global y la actividad humana, y sostienen que se trata de un período normal dentro de las variaciones climatológicas que periódicamente han afectado al planeta. En los últimos días su posición se ha fortalecido, desde que ha salido a la luz pública el llamado ¨Climagate¨: algunos de los más importantes exponentes de las teorías alarmistas se han intercambiado emails que hacen sospechar que los datos científicos han sido manipulados para desacreditar a sus opositores y acentuar la gravedad del cambio climático.

El papa Benedicto XVI, en el Ángelus del 6 de diciembre, ha ofrecido la clave de interpretación de este evento: más allá del debate científico, no es posible mantener el ritmo de vida y de consumo occidental, que no tiene en cuenta el equilibrio del planeta y la solidaridad hacia los más pobres y las generaciones futuras.

Deseo que los trabajos ayuden a individuar acciones respetuosas hacia la creación y que promuevan un desarrollo solidario, basado en la dignidad de la persona humana y orientado hacia el bien común. La salvaguarda de la Creación postula la adopción de estilos de vida sobrios y responsables, sobre todo hacia los pobres y las generaciones futuras.

No sabemos si el Vaticano participa o no en la reunión de Copenhagen, pero no hay duda de que las aportaciones de Benedicto XVI son ciertamente interesantes para situar el discurso en su contexto adecuado, el desarrollo humano integral. En sus palabras del domingo 6 de diciembre, el papa añadió una idea que viene repitiendo desde hace algún tiempo, la ¨ecología humana¨:

Invito a todas las personas de buena voluntad a respetar las leyes puestas por Dios en la naturaleza y a redescubrir la dimensión moral de la vida humana.

La ecología no es solamente el equilibrio del hombre con su entorno natural, sino también el respeto de la ley natural inscrita en su corazón. De la violación de esta ecología humana y de sus reglas morales nacen todos los desequilibrios que afectan las personas y las sociedades. Es una idea que Benedicto XVI lanzó ante los jóvenes en el Encuentro Mundial de la Juventud, en Sydney, y que posteriormente repitió y desarrolló en su discurso de felicitación navideña a los cardenales en 2008:

La Iglesia tiene una responsabilidad hacia la creación también en público. Y al hacerlo, debe defender no sólo la tierra, el aire y el agua como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger también al hombre, contra la destrucción de sí mismo. Por eso es preciso una ¨ecología del hombre¨, bien entendida. No es una metafísica  superada hablar de la naturaleza del ser humano, y pedir que este orden de la creación se respete. Se trata del hecho de la fe en el Creador y de la escucha del lenguaje de la creación, cuyo desprecio supondría la autodestrucción del hombre y l destrucción de la misma obra de Dios.  Los bosques tropicales merecen, evidentemente, nuestra protección, pero no la merece menos el hombre como creatura, en el cual se inscribe un mensaje que ni contradice nuestra libertad, sino que es condición para ella.

Los periódicos definen la reunión de Copenhagen como ¨11 días para salvar el mundo¨. El papa, que representa la sabiduría secular de la Iglesia y ve los hechos desde la perspectiva de Dios, sabe que la batalla por un futuro verdaderamente humano se juega en los despachos y las reuniones políticas, pero sobre todo en el corazón del hombre.

Posteado por: Julio J. | 3 Diciembre 2009

Símbolos religiosos, parte 2: los minaretes en Suiza

El domingo pasado los suizos rechazaron en un referendum popular la posibilidad de construir en el país nuevos minaretes. La opción del no, promovida por algunos partidos conservadores, entre los cuales UDC, mayoritario en el Parlamento, obtuvo un 57% de votos y resultó vencedora en 19 de los 23 cantones helvéticos, con un total de 1,53 millones de adhesiones. Se trata del primer país europeo en incluir en su carta fundamental una medida orientada a frenar la extensión de la sharia (ley islámica) en Europa, y a limitar los derechos de una comunidad religiosa concreta.

Se trata de una importante decisión, ya que supone incluir en la Constitución del país alpino la prohibición de construir nuevos minaretes en las mezquitas (existen actualmente 4, para una población de 400.000 musulmanes, el 5,5% nacional). Los partidarios del sí alertaban contra la dominación lenta y silenciosa de los musulmanes, que aprovechando el régimen de libertades europeo, tienen como objetivo subvertirlo, instaurando a través de la natalidad una nueva cultura de matriz islámica. La amenaza, en este sentido, está representada en un ’símbolo’, como el minarete, de la civilización musulmana. El cartel utilizado habla por sí sólo: sobre la bandera helvética se levantan una serie de minaretes, como bayonetas, al lado de una mujer cubierta con un burka. En color negro y grandes dimensiones, las palabra Stop!

Curiosamente, en el referendum del 29 de noviembre se convocaba a los cuidadanos para otra consulta, de la que casi no se ha hablado: la posibilidad o no de mantener las exportaciones suizas de armas al extranjero. Esta pregunta recibió una aprobación mayoritariamente positiva de la población, con un 68% de partidarios de continuar las exportaciones bélicas.

Este hecho tiene diversas lecturas, de las cuales la prensa se ha hecho abundante eco en los últimos días: las repercuiones económicas de la decisión, si los multimillonarios árabes deciden retirar sus fondos de los bancos suizos, las consecuencias políticas, como el efecto contagio a otros países europeos o la extensión de la islamofobia, la dimensión cultural del hecho… Sin embargo, me gustaría solamente centrarme en la dimesión religiosa de la noticia (la defensa de la libertad religiosa y la presencia pública de la religión en la sociedad), la interpretación política en España y la postura de la Iglesia católica.

La Conferencia Episcopal Suiza publicó en septiembre un comunicado aconsejando a los católicos a votar a favor de los minaretes. Según los obispos helvéticos, ¨los minaretes son el signo de la presencia pública de una religión¨, y por esta razón están en juego ¨los derechos corporativos de las religiones, la libertad de religión y culto¨. Aún reconociendo que no existe una reciprocidad en el trato que los cristianos reciben en los países musulmanes, los prelados concluyen su comunicado invitando a los católicos a una actitud de ¨aceptación mutua en el diálogo y el respeto¨. No es la primera vez que se pronunciaban en este sentido: ya en 2006 y en 2007, los obispos suizos se habían expresado a favor de la libertad religiosa y de culto, y la presencia de los símbolos religiosos en el espacio público. Una vez conocido el resultado del referendum, la Conferencia Episcopal Suiza ha hecho público un nuevo comunicado lamentando la ocasión perdida para ¨la integración en el diálogo y el respeto mutuo¨, y los obstáculos que supone para la ¨convivencia pacífica entre las religiones y culturas¨.

Nuestro gobierno patrio y sus acólitos mediáticos saludan con regocijo el veredicto de Estrasburgo de retirar los crucifijos de la escuela pública italiana y tratan de apoyarse en la jurisprudencia europea para promover la misma medida en España, mientras  tachan al mismo tiempo a los suizos de xenófobos, ultraderechistas, racistas e islamófobos. La pegunta entonces es obvia: ¿Por qué los paladines del diálogo de civilizaciones, la tolerancia y la laicidad, como nuestro ínclito Joan Tardà, se escandalizan con el no de los suizos a los minaretes mientras promueven el no español a los crucifijos? ¿No se trata, n ambos casos, de símbolos religiosos en el espacio público? El editorial del periódico ABC del 3 de diciembre pone en evidencia la hipocresía y la doble moral del discurso religioso de algunos de nuestros gobernantes, que ¨exhiben tolerancia y comprensión hacia los símbolos del islam, mientras en España se afanan en combatir la presencia de los crucifijos en las aulas porque son un símbolo católico que atenta contra el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones¨.

La única posición coherente y lógica, hasta el momento, es la de la Iglesia católica, que rechaza por una cuestión de principios tanto el no a los crucifijos como el no a los minaretes. En ambos casos se viola la libertad de conciencia y de religión.

Posteado por: Julio J. | 21 Noviembre 2009

¿Es posible la belleza?

Recuerdo que fue en mis años de filósofo cuando descubrí que existe una asignatura dedicada al estudio de la belleza: la estética. Importantes pensadores han dedicado páginas y páginas en sus escritos a esta reflexión, más interesante de lo que parece a primera vista. ¿Existe un concepto universal de belleza? ¿Por qué algunas obras de arte nos parecen hermosas y otras no? ¿El arte debe reflejar o transcender la realidad?

Uno de los lugares donde la reflexión estética ha sido más cultivada ha sido la Iglesia católica. No en vano, es en ella donde han visto la luz algunas de las manifestaciones artísticas más geniales de la Humanidad. Sin embargo, la fecundidad estética de la Iglesia parece estar en crisis. El papa Pablo VI, en la década de los 70, denunció que una da las mayores tragedias de los tiempos modernos es el abismo que existe entre la fe y la cultura. La fe, que en otro tiempo supo traducirse y encarnarse en las más variadas formas artísticas (la arquitectura gótica, la pintura renacentista, las obras musicales de Bach…) en nuestros tiempos parece agotada e incapaz de producir obras bellas como en otro tiempo. Las iglesias contemporáneas parecen ¨garajes¨ o ¨centros comerciales¨, y no logran emocionar al hombre contemporáneo, tan necesitado, en medio de la civilización urbana, competitiva y materialista, de oasis de paz, belleza y transcendencia.

El sábado 21 de noviembre el papa se ha encontrado con cerca de 160 artistas de todo el mundo, creyentes y no creyentes, en la capilla Sixtina para ¨tejer un diálogo en la esperanza de que vuelva a surgir una alianza fecunda entre arte y fe¨, como explicó el presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, Gianfranco Ravasi, en la rueda de prensa en la cual se dio a conocer la iniciativa de Benedicto XVI.

Se trata de la tercera iniciativa del género, después del encuentro de Pablo VI con el mundo del arte en 1964 y de Juan Pablo II en 1999. En esta ocasión, sin embargo, la competencia en la materia y el interés personal de Benedicto XVI juegan un papel central. A lo largo de su pontificado, han sido numerosas su intervenciones sobre la belleza como vía privilegiada para acceder a la Transcendencia. El papa teólogo, criticado por algunos a causa de su excesivo racionalismo, explicaba en un encuentro con el clero de Bressanone, el 6 de agosto de 2008, lo siguiente:

“Para mí el arte y los santos son la mayor apología de nuestra fe. Los argumentos aducidos por la razón son muy importantes, y no se puede renunciar a ellos; pero luego, a pesar de ellos, sigue existiendo el disenso. En cambio, al contemplar a los santos, vemos que allí hay verdaderamente una fuerza del bien que resiste al paso de los milenios, allí está realmente la luz de luz. Del mismo modo, al contemplar las bellezas creadas por la fe, constatamos que son sencillamente la prueba viva de la fe.

Al escuchar las Pasiones de Bach, su Misa en si bemol, y las grandes composiciones espirituales de la polifonía del siglo XVI, de la escuela vienesa, de toda la música, incluso de compositores menos famosos, inmediatamente sentimos: ¡es verdad! Donde nacen obras de este tipo, está la Verdad. Sin una intuición que descubre el verdadero centro creador del mundo, no puede nacer esa belleza.

Por eso, cuando en nuestra época discutimos sobre la racionalidad de la fe, discutimos precisamente del hecho de que la razón no acaba donde acaban los descubrimientos experimentales, no acaba en el positivismo. Nosotros luchamos para que se amplíe la razón y, por tanto, para una razón que esté abierta también a la belleza, de modo que no deba dejarla aparte como algo totalmente diverso e irracional. El arte cristiano es un arte racional —pensemos en el arte gótico o en la gran música, o incluso en nuestro arte barroco—, pero es expresión artística de una razón muy amplia, en la que el corazón y la razón se encuentran. Esta es la cuestión. A mi parecer, esto es, de algún modo, la prueba de la verdad del cristianismo: el corazón y la razón se encuentran, la belleza y la verdad se tocan. Y cuanto más logremos nosotros mismos vivir en la belleza de la verdad, tanto más la fe podrá volver a ser creativa también en nuestro tiempo y a expresarse de forma artística convincente”.

La polémica acerca de las formas artísticas más adecuadas para expresar la fe no es nueva: los episodios más recientes tal vez hayan sido los protagonizados por la iglesia de Dios Padre Misericordioso, del arquitecto Richard Meyer, el nuevo leccionario litúrgico de la Conferencia Episcopal Italiana y el debate promovido por el periódico Avvenire sobre la relación entre el arte y la fe (aquí, aquí y aquí). Se trata de un debate de ideas que va más allá del terreno artístico: ¿es la estética el modo privilegiado de anunciar la Buena Noticia al hombre y la mujer del siglo XXI?

Según el selecto grupo de intelectuales, profesores y artistas, que han lanzado en las fechas que preceden tal encuentro un llamamiento al Papa por la ¨recuperación de un arte verdaderamente católico¨, la respuesta es afirmativa. En el documento-informe presentado al Papa, podemos leer la dura crítica que dichos estudiosos a la situación actual del arte religioso:

¨La Iglesia Católica experimenta, con gran turbación, confusión y perplejidad de sus fieles una nueva época marcada por la rebelión y el desprecio del arte contemporáneo hacia el realismo figurativo que durante milenios ha caracterizado el deseo de los diferentes lenguajes artísticos de ilustrar con riqueza, armonía y esplendor todas la realidades invisibles. Vemos crecer día a día edificios sagrados despojados de lo sacro y construidos sin ningún conocimiento de la liturgia; en nuestras iglesias abundan imágenes y simbolismos como mucho genéricamente “religiosos”, pero que no ilustran ninguna realidad genuinamente católica; nuestros sagrados Leccionarios rebosar de pueriles y deformes dibujos, y escuchamos cada vez más melodías y cantos que, por su carácter prosaico, no tienen ya nada que ver con la solemne tradición de la melopeya Gregoriana. En resumen, el arte y la arquitectura sacras no parecen favorecer hoy el encuentro dulce y vivificante con el único Dios verdadero, sino más bien obstaculizarlo y pervertirlo constantemente¨.

Después de enumerar las características de un arte verdaderamente cristiano y las causas de la crisis actual, los autores de dicho informe lanzan al papa el siguiente llamamiento:

¨Para que el arte y arquitectura sacras puedan volver a ser y a mostrarse verdadera y profundamente católicas; para que así las multitudes de fieles –también los más sencillos e ignorantes– puedan volver a asombrarse y a deleitarse con esta noble y penetrante belleza; para que en definitiva la Iglesia pueda revelarse – también en esta era de mundanas, irracionales y deseducativas barbaries– la única verdadera, concienzuda y atenta promotora y custodia de un arte nuevo y verdaderamente `original´, en condiciones hoy también de reflejar su ínclito y eterno Origen, es decir, el sentido más íntimo de la Belleza que resplandece en la Verdad de Cristo¨.

El papa Benedicto XVI sabe que el hombre contemporáneo está cansado de palabras, que en las ciudades grises es difícil encontrar espacios de paz y silencio, que el alma del hombre está llamada a transcenderse. Y sabe que, desde sus comienzos, la Iglesia ha sido uno de los oasis donde la genialidad humana se ha puesto al servicio de la Belleza, el Bien y la Verdad. Ojalá este encuentro con los artistas nos recuerde que sólo la contemplación de la belleza puede ayudar al hombre a descubrir y acercarse a la Belleza.

Posteado por: Julio J. | 17 Noviembre 2009

2012: El fin del mundo…

Una de las películas más esperadas de los últimos meses ha sido 2012, del director alemán Roland Emmerich, estrenada el 13 de noviembre. No es la primera vez que Roland Emmerich se atreve con un argumento apocalíptico: suyas son, por ejemplo, ¨Independence Day¨ y ¨El día de mañana¨, ambas repletas de espectaculares efectos especiales sobre los eventos de los últimos días de la tierra.

El domingo, en la penúltima sesión de la jornada, a pesar de haber llegado al cine una hora antes del inicio del film, solamente quedaban 10 poltronas libres, en primera fila. Sin lugar a dudas, la campaña de promoción, en la que aparecía el derrumbamiento de la cúpula de san Pedro, había resultado eficaz.

La película sitúa el fin de los tiempos el día 21 de diciembre de 2012, de acuerdo con el calendario maya. En torno a esa fecha, la actividad solar se incrementaría, ocasionando grandes tormentas. Estas tormentas solares enviarían al espacio ingentes cantidades de partículas (los neutrinos), que provocarían en el planeta Tierra un efecto semejante al de un microondas: calentaría el núcleo de hierro terrestre, derritiendo las capas superiores y provocando grandes erupciones volcánicas, la apertura de fallas, el hundimiento de algunas zonas, enormes tsunamis, y el desplazamiento generalizado de los continentes.

Ante este panorama desolador, descubierto por un par de científicos en 2009, se avisa a las autoridades y los gobiernos de las principales naciones, que ponen en marcha un ambicioso proyecto: la construcción de unas gigantescas naves y la puesta en marcha de Proyecto de la Continuidad Humana, para salvar un grupo selecto de personas, animales y obras de arte.

El problema es que, para embarcar en dicha nave es preciso pagar 1.000 millones de euros, por lo cual sólo consiguen un billete los gobernantes de los países más desarrollados y los millonarios del mundo. El resto de la humanidad queda a merced de los cataclismos y perecerán en ellos.

El dilema ético de la película se fundamenta en un presupuesto profundamente egoísta. Puesto que para construir estas grandes arcas de Noé con las que salvar al menos a una pequeña parte de la Humanidad se necesitan cantidades ingentes de dinero, que sólo los multimillonarios pueden proporcionar, la entrada a estas naves está condicionada al poder adquisitivo de los candidatos.

Es cierto que el Proyecto Continuidad Humana ha seleccionado, además, a una serie de personas representativas de todas las razas, de acuerdo a criterios genéticos, para garantizar la supervivencia del género humano y la futura repoblación de la Tierra. Sin embargo, los gobernantes esconden hasta el último momento el destino del planeta a la población, impidiendo el caos y la anarquía pero al mismo tiempo su posible salvación o la puesta en marcha de planes alternativos.

El actor Oliver Platt representa a Carl Anheusser, el Secretario de Estado del presidente de los Estados Unidos. Es el único personaje en toda la película que se atreve a llamar por su nombre y a expresar sin tapujos que se trata de un plan egoísta e injusto, y reconocer que él se beneficia de todo ello sin problemas de conciencia. Los demás personajes tratan de tranquilizar su conciencia haciendo lo posible por dejar entrar a algunas personas más en la barca: los millonarios de la nave 6 que, por problemas imprevistos, no pudieron embarcar en su nave.

A lo largo de la película, las personas que presentan sentimientos de generosidad y sacrificio aparecen en un segundo plano y mueren sacrificadas en nombre del gran proyecto de la Nueva Arca de Noé. Así, por ejemplo, muere el presidente de los Estados Unidos, el científico que descubrió el calentamiento del núcleo de la tierra, el obrero chino que acogió a la familia de Curtis en la nave, el piloto ruso… Son personajes que sirven a los protagonistas para alcanzar sus objetivos pero sobre los cuales no se regresa, ni se profundiza en la descripción de sus motivaciones o actitudes.

Otro aspecto que me ha llamado poderosamente la atención ha sido el tratamiento del hecho religioso. No se trata de un argumento central, evidentemente, aunque toda la película juegue de uno u otro modo con la temática apocalíptica y pseudorreligiosa. Pero sí resulta llamativo que la única religión positivamente descrita sea el budismo: mientras que los representantes de esta religión aguardan el final con un sentimiento de serenidad, los cristianos, representados por el Papa, los cardenales y una masa de fieles que rezan en la plaza de San Pedro, son aplastados entre gritos de angustia por la cúpula que se desploma sobre ellos. Varios profetas apocalípticos aparecen en los días finales para advertir a la población de la cercana hecatombe; cada uno, entre ellos el presidente de los Estados Unidos, se refugia en su creencia particular para evitar la angustia, sin que se profundice en el contenido o las motivaciones de las religiones.

Y desde luego, no parece casual que el calendario marque el día 27 del mes 1 del año 1, cuando las grandes naves se avecinan a las costas orientales de África, el único continente que sigue en pie. Se trata de una especie de nuevo comienzo, justo allí donde la especie humana vio por primera vez la luz, y la superación de la era cristiana, a cargo de un selecto grupo de elegidos por los Gobiernos según criterios del más puro darwinismo social.

Tal vez no haya que esperar al 2012 para que las predicciones de Emmerich o del calendario maya se cumplan. Hoy se concluyen los trabajos de la Asamblea General de la Fao sobre el hambre en el mundo, y la ONU ha declarado que cada día, en el mundo, mueren 17.000 niños de hambre. No es nuevo que el mundo, como ha declarado el Papa Benedicto XVI en su visita a la institución, ¨tiene recursos para alimentar a toda la humanidad¨, pero carece de voluntad política de afrontar el problema. Tampoco, quizá, sea casual que el estreno de la película coincida con el vértice entre China y Estados Unidos, previo al encuentro de Copenhagen sobre el calentamiento global, en el que las dos potencias más contaminantes del mundo han declarado que no tienen intención de reducir sus emisiones de CO2.

¿El fin del mundo está cerca? No lo sabemos. Pero nos tememos que la hipótesis de Emmerich sobre la actitud de los países más poderosos ante una calamidad semejante no diste mucho de la realidad.

Posteado por: Julio J. | 9 Noviembre 2009

¿Respeto a la libertad religiosa?

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Una de las noticias más sorprendentes de la semana que acaba de concluir ha sido la sentencia del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos de Estrasburgo, prohibiendo la presencia de los crucifijos en las aulas de las escuelas italianas. Una ciudadana italiana de origen finlandés, Soile Lautsi, había presentado ante los tribunales en el año 2002 un recurso para que el centro educativo donde estudiaban sus hijos, cerca de Padua, retirara la simbología religiosa cristiana de sus paredes.

Después de una larga e infructuosa batalla legal en los triubunales italianos, la señora Lautsi decidió recurrir a la Unión Europea, y ésta vez su reclamación ha sido atendida. La sentencia de Estrasburgo declara que ¨la exhibición de crucifijos en los espacios públicos es una violación de los derechos fundamentales y de la libertad religiosa de los ciudadanos, y condiciona la educación de los estudiantes, que lo pueden interpretar como un símbolo de la religión oficial¨. Ahora el estado italiano debe pagar 5000 euros a Lautsi por ¨daños morales¨, y aplicar la decisión europea de retirar de todas las clases el crucifijo, idea con la que el gobierno italiano y gran parte de la ciudadanía no está de acuerdo.

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Como es lógico, la noticia ha saltado al círculo mediático de toda Europa, llegando también a nuestro ruedo patrio. Y movidos por nuestro proverbial complejo de inferioridad y sentimiento de ¨llegar tarde¨, en lo que a asuntos de modernización se refiere, un sector de la clase política española ha visto en la sentencia de Estrasburgo la enésima oportunidad para plantear la batalla de la laicidad en las instituciones públicas.

No se trata de una batalla nueva; como sabemos, en los últimos meses los ciudadamos han asistido a diversas manifestaciones semejantes, como la ocurrida en un colegio público de Valladolid, o la propuesta, en Cataluña, de cambiar la denominación de las vacaciones de Navidad y Semana Santa para no herir sensibilidades. La presencia de los símbolos religiosos es, para ciertos sectores del mundo cultural y político español, la máxima expresión de este concubinato entre Iglesia y Estado que se arrastraría en España desde hace siglos. La experiencia de la Guerra Civil y la dictadura franquista han creado en buena parte del inconsciente colectivo la idea de que la Iglesia católica está vinculada al poder político, tiene una ideología reaccionaria, es intolerante, no respeta a las minorías e impone a todos su credo. Y por tanto, para todo aquél que quiera considerarse ¨progresista¨, el anticlericalismo y el laicismo se convierten en parte indispensable del propio código genético.

Apenas un día después de hacerse pública la sentencia europea, el grupo ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) ha enviado al Congreso de los Diputados la propuesta para que el Gobierno lleve a cabo “las modificaciones oportunas para impulsar y garantizar” la retirada de los crucifijos de las escuelas públicas y para que establezca “los mecanismos adecuados para que los padres y madres puedan reclamar de manera efectiva la retirada inmediata de la simbología religiosa de los centros educativos públicos”.

Según el partido independentista catalán, rápidamente secundado por los comunistas de IU (Izquierda Unida), el Gobierno español ¨debe exigir a las autonomías que garanticen la plena laicidad y la neutralidad religiosa¨. El dirigente republicano Joan Tardà, para el que la sentencia es ¨muy positiva¨, mostró su esperanza de que ¨cunda el ejemplo¨. A raíz de la sentencia de Estrasburgo, IU ha solicitado al ministro de Educación, Ángel Gabilondo (ex-religioso de la Congregación del Sagrado Corazón), que la retirada de todos los símbolos religiosos (y de la enseñanza de la religión) de los centros escolares forme parte del Pacto Educativo que previsiblemente se firmará el próximo año. Asimismo, ERC ha sido particularmente activo en la batalla para la reprobación del Papa en el Congreso de los Diputados, por sus palabras sobre el preservativo en África y en la lucha por la facilitación de los trámites para la apostasía. Como si en Cataluña no hubiese problemas más importantes…

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No termina ahí la cruzada de ERC e IU contra todo lo que huela a cristiano: ya al inicio de la última legislatura, plantearon una polémica por el hecho de que los ministros y el presidente juren su cargo ante una Biblia y un crucifijo, alegando que ¨no es comprensible ni justificable en un Estado aconfesional”. Ambos partidos solicitaron entonces al Gobierno la elaboración de un ¨protocolo aconfesional¨ para este tipo de actos.

Otro importante caballo de batalla del frente laicista español es la revisión del Concordato entre España y la Santa Sede, que, a su juicio, ¨blinda¨ los ¨privilegios¨ del catolicismo, como el trato diferencial de la Iglesia frente a las demás confesiones. Para Joan Herrera, de ICV (Iniciativa per Catalunya/Els Verds), se trata de unos acuerdos caducos e ilegítimos, firmados en 1953 entre Franco y el Vaticano -lo cual no es cierto, pues datan de 1979-. “La financiación del clero y de la Confrencia Episcopal, la enseñanza de la religión en la escuela, un régimen abusivo de conciertos con la enseñanza privada, un régimen fiscal más que favorable y un protocolo institucional que la convierte sin fundamento jurídico en religión oficial” son, a su juicio, algunos estos privilegios que la formación de izquierdas exige denunciar y revisar.

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En el PSOE, partido al que pertenece José Luis Rodríguez Zapatero, el ambiente que se respira no es muy diferente. Durante su 37º Congreso Federal, el diputado José Antonio Pérez Tapias reclamaba la denuncia de los citados acuerdos para, entre otras cosas, hacer que el artículo 16 de la Constitución -que ordena a los poderes públicos que mantengan “relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones”- pueda anularse. ¨Frente a los 153 millones de euros que el Gobierno ingresó en 2008 a los obispos, los musulmanes, judíos y protestantes se repartieron apenas tres millones de euros¨, protesta el diputado socialista.

También socialista es Victorino Mayoral, diputado por Cáceres y presidente de la fundación Cives, uno de los más activos promotores de la laicización de las instituciones españolas. Es uno de los principales ideólogos de la nueva ¨Ley de Libertad Religiosa¨, cuyo anteproyecto de ley pasará el primer trámite del Consejo de Ministros a primeros de 2010 y sustituirá a la vigente, de 1980. Entre sus iniciativas se encuentra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y su fundación recibe fondos gubernamentales para la formación de los profesores que la imparten.

Recientemiente, el periódico El País (junto con el diario Público, uno de los mayores defensores mediáticos de las políticas sociales y culturales del gobierno) publicaba un artículo titulado ¨Llegó la hora de la laicidad¨, enumerando las propuestas que recogerá la nueva ley de libertad religiosa. No es el único apoyo del diario, conocido por su obsesión anticlerical, hacia algunas de las nuevas políticas impulsadas por el gobierno y sus aliados de extrema-izquierda: en un editorial del 24 de agosto, afirmaba que ¨los acuerdos con la Santa Sede de 1979 son los que han ofrecido hasta ahora una base jurídica a las posiciones confesionales. Desde la entrada en vigor de la ley, y gracias a esos acuerdos, el modelo de relaciones ha estado escorado de manera ostensible, y a veces jactanciosa, a favor de la Iglesia católica, hasta consolidarla en una situación de privilegio que no se justifica dada la presencia de otros credos¨. Y en otro artículo del 24 de enero de 2008, hacía un repaso completo de las asignaturas pendientes de la laicidad en España, animando a Zapatero a emprender las reformas necesarias para erradicar la influencia que aún conservaría la Iglesia en la sociedad.

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¿Cuál es la razón de la visceralidad en ciertos ambientes políticos y culturales españoles contra los símbolos cristianos y la dimensión pública de la fe? ¿Se trata de la lucha legítima por la separación entre las cosas de Dios y las del César, o de la revancha, largamente esperada por la izquierda, por la hegemonía cultural y social de la Iglesia durante siglos? ¿Hay detrás de estas iniciativas un proyecto para redefinir la cultura y erradicar la religión del espacio público, o se trata de medidas esporádicas? ¿Respetan estas propuestas el sentir mayoritario de los ciudadanos? ¿Realmente atacan y ofenden los símbolos religiosos a los creyentes de otras confesiones y a las personas que no tienen ninguna religión? ¿Debe desaparecer por ofensiva y políticamente incorrecta la cruz de la bandera suiza, finlandesa, británica,de los escudos, las monedas, los monumentos artísticos y arquitectónicos que pueblan la geografía europea?

Juan Manuel de Prada, uno de los pocos intelectuales católicos de España, ha levantado su voz para defender el significado social y cultural (no sólo religioso) del crucifijo, justificando su presencia en la escuela. La sensatez de sus argumentos en los dos artículos que ha escrito al respecto (aquí y aquí) contrasta con el dogmatismo y la ausencia de razones de los que, a toda costa, quieren limpiar el espacio público de los ¨virus religiosos¨ que lo contaminan.

Desgraciadamente, un sector de nuestra clase política demuestra con sus propuestas su ignorancia histórica, su analfabetismo cultural, su sectarismo ideológico, su pobreza política y su alejamiento de los verdaderos problemas que afligen a la sociedad española, que, recordemos, sufre un 19,5% de paro. ¿Para cuándo una ley que retire los políticos mediocres del espacio público?

Posteado por: Julio J. | 1 Noviembre 2009

Sobre las debilidades humanas: el caso Marrazzo.

Esta semana, la noticia central en los medios de comunicación italianos ha sido la dimisón del presidente de la región del Lazio, Piero Marazzo. Al parecer, el presidente Marrazzo, perteneciente al PD (Partido Democrático, de centro-izquierda), fue sorprendido por unos policías a inicios de verano en un apartamento practicando el sexo con una transexual brasileña llamada Natalie. Dichos policías grabaron la escena en video, y chantajearon posteriormente al político, pidiéndole 100.000 € para no difundir las filmaciones. Al mismo tiempo, en el apartamento se descubrieron ciertas cantidades de cocaína y grandes sumas de dinero.

El chantaje de los policías fue ocasionalmente descubierto por los mandos superiores de los Carabinieri al interceptar algunas llamadas telefónicas, mientras investigaban otro asunto relacionado con la mafia. El video del escándalo fue ofrecido a varias revistas, agencias de noticias y cadenas televisivas, y llegó a mediados de octubre en manos de Berlusconi, que telefoneó a Marazzo para advertirle de la existencia de esas pruebas que podrían ser usadas en su contra. Demasiado tarde.

A continuación, los acontecimientos se desencadenaron con rapidez: los policías fueron detenidos y salió a la luz pública lo que ya dificilmente se podía mantener en secreto. El caso saltó a los medios de comunicación, Marazzo dimitió, sumido en una fuerte crisis nerviosa, recluyéndose en un monasterio, y la investigación continúa: nuevos testimonios y nuevos datos que complican cada vez más una historia ya de por sí poco clara.

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No quiero hacer un juicio del comportamiento de Piero Marazzo, sino solamente traer, al hilo de este escabroso asunto, dos reflexiones de naturaleza ética:

Los límites entre lo público y lo privado: no se trata de una pregunta nueva para aquellos que se ocupan de la cosa pública. ¿Debe el gobernante tener un comportamiento ejemplar en la esfera privada, o ésta no interfiere en su servicio público? ¿Tiene derecho la prensa a airear las debilidades personales de un político? El dinero para pagar los servicios del transexual o para pagar el chantaje de los carabinieri ¿salía de los fondos públicos o del bolsillo de Marazzo? ¿Se ausentó de su trabajo en el horario laboral para frecuentar el apartamento de Natalie en via Gradoli 96? Y lo que es más grave aún, ¿tienen derecho los ciudadanos italianos a ser distraídos con los asuntos de la bragueta de sus políticos -primero Berlusconi, ahora Marazzo, se habla ya de un caso semejante de otro importante político-, mientras el debate real sobre los problemas concretos pasa a un segundo plano?

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La regeneración personal y política: una vez que los hechos en los que el presidente estaba envuelto salen a la luz pública, éste entona un ‘mea culpa’ que parece sincero: “estos hechos son fruto de una debilidad personal en mi vida privada“. Su médico le ha diagnosticado un episodio agudo de estrés psicofísico y le ha recomendado 30 días de reposo. Marazzo ha decidido refugiarse en el monasterio de Subiaco “para reflexionar sobre mi vida, para salir de esta situación y reencontrarme conmigo mismo”. Antes ha dimitido, asegurando que “mis condiciones personales de sufrimiento extremo no me capacitan para permanecer al frente de la región del Lazio ni para servir a los ciudadanos“.

No creo que la elección de un monasterio sea casual, aunque ciertamente se trata del mejor lugar para escapar de los objetivos periodisticos. Las decisiones de Marazzo ¿son una equivocación o son un pecado? ¿Se redimen y expían con un simple reconocimiento público y una reparación del mal hecho, o suponen más bien un proceso de cambio interior que el hombre, con sus únicas fuerzas, es incapaz de conseguir?

Por otra parte, es inconcebible que un político en España, después de un escándalo del género, dimita, pero es más inconcebible aún que, siendo de la izquierda como Marazzo o de la derecha, se retire a un monasterio para buscar la paz y la reconciliación consigo mismo.

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En este caso, Marazzo a mi juicio es una víctima -no inocente, pero víctima al fin y al cabo- de una red que en parte él mismo había contribuido a tejer con la poca claridad que rodeaba su vida privada. La prensa y la ávida curiosidad de los ciudadanos no tienen derecho a masacrar a una persona exponiendo sus debilidades más sórdidas a la luz pública y arruinando su carrera política de un modo irremediable.

Hace falta una regeneración política, de esto no cabe duda. Quizá quien mejor lo haya intuido ha sido el propio Marazzo, recluyéndose tras los muros del monasterio de Subíaco.

 

 

 

Posteado por: Julio J. | 26 Octubre 2009

Roma y Canterbury, ¿más cerca?

El 20 de octubre, a través de una conferencia de prensa simultánea en Londres y Roma, se hizo público el anuncio de que el Vaticano prepara una Constitución Apostólica para regular el retorno a la comunión con el Papa de todos los anglicanos descontentos con la deriva “liberal” de la Iglesia de Inglaterra.

Hasta ahora, las conversiones han sido individuales y estudiadas caso por caso; en esta ocasión, se trata de una conversión en masa de enteras diócesis y parroquias, que alcanzaría, según algunos datos, “unas 500.000 personas” de todo el mundo, incluidos sus respectivos sacerdotes -unos 1.000, según The Times- y unos “30 o 40 obispos” de 16 iglesias hermanas dispersas por todo el mundo y agrupados en la “Traditional Anglican Communion”, guiada actualmente por el obispo australiano John Hepworth, que reúne a los anglicanos más tradicionalistas que no aceptan la ordenación de las mujeres, el matrimonio gay y la ordenación de gays como sacerdotes y obispos.

En Estados Unidos, donde ya se habían producido numerosas solicitudes de ingreso en la iglesia católica (unos 80 sacerdotes anglicanos, con sus mujeres e hijos, desde 1980),  estaba vigente una “Pastoral Provision” aprobada por Juan Pablo II. El caso más sonado fue tal vez el del obispo anglicano Jeffrey Stevenson, acogido a la comunión con Pedro en una ceremonia en la basílica de santa María la Mayor. Stevenson, de 57 años, casado y con tres hijos, fue ordenado sacerdote e incardinado en la diócesis de Santa Fe, donde enseña Patrología en el seminario. El único caso hasta ahora de conversión en masa se dió en 1975, cuando la diócesis anglicana de Amristar, en el Punjab indio, ingresó en la iglesia católica.

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Como anuncia Sandro Magister en su blog “Settimo cielo”, citando al hermano Lewis Berry, del Oratorio de Birminghan, la idea de una unificación entre los sectores más fervientes de la comunión anglicana y la iglesia de Roma no es nueva. Ya el cardenal Newman, en 1876, ideó un plan para crear una especie de iglesia anglicana “uniata”, semejante a las iglesia orientales unidas a Pedro, contando para ello con el apoyo del entonces arzobispo de Westminster, el cardenal Manning. Pero los tiempos no estaban maduros y la idea fue rápidamente olvidada. Sin embargo, la presión creciente del secularismo, que ha sumido en una profunda crisis a la iglesia nacida del cisma de Enrique VIII en 1534, ha llevado a un amplio sector de ésta a buscar refugio en la Iglesia de Roma, mucho más firme en la custodia de la Tradición.

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Según el profesor de historia del cristianismo Cesare Alzati, de la universidad de Pisa, el retorno de ciertos sectores de la Iglesia de Inglaterra a la comunión con Roma representa un empobrecimiento para Canterbury. Es la consecuencia lógica del éxodo de la franja eclesial que mejor ha sabido “salvaguardar la tradición anglicana en sus aspectos más vitales y luminosos, que en los siglos pasados han sido irradiados en el mundo entero, hasta el punto de generar la Comunión Anglicana, y que en el siglo XX han contribuido en un modo decisivo a la tensión ecuménica entre los diversos componentes del mundo cristiano”. Aunque, según Luigi Accatoli, este paso, al mismo tiempo  “aligerará y aliviará al menos momentáneamente las tensiones internas que sacuden la iglesia anglicana”.

La forma prevista por Roma para regular toda esta situación es una “Constitución Apostólica”, que se haría pública en un plazo aproximado de dos semanas, y en la cual se encontrarían trabajando no sólo la Congregación para la Doctrina de la Fe sino también la del Clero, el Culto Divino y los Textos Legislativos. “En esta constitución apostólica -ha explicado el cardenal Levada- el Santo Padre ha introducido una estructura canónica que prevee, para esta reunión corporativa, la institución de ‘ordinariatos personales’ (obispos con competencia no territorial), que permitirán a los fieles ya anglicanos entrar en la plena comunión con la iglesia católica, conservando al mismo tiempo los elementos específicos del patrimonio espiritual y litúrgico anglicano, como por ejemplo la ordenación de clérigos anglicanos casados, como sacerdotes católicos. Por razones históricas y ecuménicas -continua el cardenal Levada- no se permite la ordenación de hombres casados como obispos. Por lo tanto, la constitución determina que el ordinario pueda ser o un sacerdote o un obispo no casado”.

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La Traditional Anglican Communion había solicitado oficialmente a Roma la plena comunión eclesial y sacramental en 2007. Un gesto “sin precedentes”, según el vaticanista Marco Tossati, del diario La Stampa, ya que se trataría de “la primera vez que toda una comunidad cristiana nacida después de la Reforma protestante solicita su readmisión en el tejido del catolicismo”. Según el mismo periodista, en octubre de 2008 la Congregación para la Doctrina de la Fe  se expresó favorablemente a su ingreso, considerando la posibilidad de crear una estructura canónica semejante al Opus Dei. La plena comunión podría visibilizarse, según el obispo John Hepworth, citado por Tossati, en la Pascua de 2010 y antes de la beatificación del más famoso converso del anglicanismo al catolicismo, Newman. Hepworth está radiante: “la generosidad del Santo Padre me conmueve. Su decisión supera nuestros sueños más atrevidos al plantear nuestra petición hace dos años”.

El arzobispo de Westminster, Vincent Nichols, en la rueda de prensa conjunta con el primado anglicano, aseguró que “con esta propuesta la iglesia pretende responder a las legítimas aspiraciones de estos grupos anglicanos de una comunión plena y visible con el obispo de Roma, el sucesor de san Pedro. El anuncio de esta constitución pone fin a un período de incertezas para estos grupos que han alimentado las esperanzas de nuevas vías para abrazar la unidad con la iglesia católica”.

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Paolo Rodari, vaticanista del diario Il Foglio, señala en este gesto dos elementos significativos desde el punto de vista ecuménico, que revelaría la concepción ratzingeriana del diálogo entre las iglesias cristianas: “el ecumenismo según la iglesia católica no es tanto un camino paralelo de las iglesias y comunidades cristianas sin contaminaciones recíprocas, cuanto un recorrido hacia la unidad en el único rebaño de Cristo: un sólo rebaño bajo un sólo pastor.  Y en segundo lugar, es siempre más la fidelidad a la tradición lo que se busca al interior de las varias iglesias y comunidades cristianas. No en vano es la parte más conservadora y menos liberal del anglicanismo la que ha solicitado su ingreso en la iglesia católica”.

Andrea Tornielli añade: “esta decisión de Benedicto XVI supone un giro en las relaciones ecuménicas. Por primera vez no se trata de pasos individuales de fieles, sacerdotes u obispos, sino de la posibilidad de la incorporación de enteras comunidades de una iglesia cristiana hermana”. “Este gesto generoso de parte del papa es coherente con el diálogo ecuménico-puntualizó el cardenal Levada en la rueda de prensa- que busca la unidad de la Iglesia, en coordinación con los trabajos llevados a cabo con el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, presidido por el cardenal Walter Kasper”.

El mismo Tornielli, en un artículo del 21 de octubre, proporciona un interesante testimonio de un sacerdote anglicano casado, dispuesto a convertirse a la iglesia católica, el padre Ivan Aquilina, párroco en Seven Oaks, en el condado de Kent (Inglaterra): “Para quienes, como yo, tiene familia, habrá problemas económicos, de domicilio, de trabajo. Pero me siento comprometido en la unidad con el obispo de Roma y siempre deseé morir, quizá como laico, pero en unión con Pedro. Nuestra primera lealtad es hacia Cristo, no hacia la comunión anglicana. Jesús nos ha solicitado ser un sólo cuerpo, y la decisión del Santo Padre me parece la respuesta del Espíritu Santo a nuestras oraciones”.  El padre Ivan Aquilina ha sopesado bien los pros y los contras de su decisión: mientras que el sueldo de un sacerdote de la Iglesia de Inglaterra alcanza las 22.500 libras anuales (24.500 euros), los sacerdotes católicos ganan unas 8.000 (8.700 euros).

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La iniciativa de Benedicto XVI no ha sido recibida con el mismo entusiasmo Roma que a orillas del Támesis: el primado Rowan Williams, en una carta enviada a todos los obispos de la comunión anglicana, asegura “no haber tenido noticias  de los planes del Vaticano hasta un momento muy avanzado”. Ruth Gledhill, en su blog “Articles of faith”, interpreta el evento en clave polémica: “Roma aparca sus tanques en el terreno de Rowan Williams”. A pesar de que el primado anglicano aseguró en la rueda de prensa que este hecho “no es un acto de proselitismo o una agresión de Roma ni afectará las relaciones ecuménicas entre ambas iglesias”, gran parte de los medios británicos han entendido que el gesto papal es un acto hostil de desestabilización cuyo objetivo es hacer que la Iglesia de Inglaterra, sumida en un profundo debate interno y al borde de la escisión, sea cada vez más irrelevante y débil.

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Para otros críticos, como informa el portal Religiondigital, esta oferta podría dañar el papel tradicional de la Iglesia de Inglaterra a la hora de unir a católicos y protestantes. “Parte del clero de la ‘iglesia alta’ -una rama del anglicanismo conocida por la práctica de rituales más elaborados en las misas- están alarmados porque su función histórica como unificadores de católicos y protestantes bajo una misma iglesia podría correr peligro”.

Posiblemente el punto que más comentarios ha suscitado en ambientes eclesiasticos y civiles sea el referente al estatuto de los sacerdotes anglicanos casados que se incorporen a la Iglesia Católica. El propio cardenal William J. Levada, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, reconoció en la rueda de prensa que “para algunas personas será un problema. Muchos sacerdotes que han dejado el ministerio para poder casarse ahora se preguntarán por qué se aceptan ministros casados. Sin embargo, estas conversiones del anglicanismo son una cuestión distinta, y si se explican, las personas entenderán que se trata de una excepción”.

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Según el anuncio hecho por Levada, la iglesia católica considera inválida e ilícitas las ordenaciones de la iglesia de Inglaterra, por lo cual todos los ministros deberán ser nuevamente ordenados. Aquellos que  estén casados, no obstante, podrán conservar la mujer, según prevé la constitución apostólica aprobada por el papa, aunque no podrán acceder al episcopado, que estará reservado únicamente para los sacerdotes célibes. Para Marco Tossati, la presencia de sacerdotes católicos casados en el rito latino “plantea un problema de equivalencia hacia los sacerdotes que han tenido que solicitar la dispensa del celibato y han debido abandonar el ejercicio del ministerio para casarse”. “Muchos sacerdotes católicos que han dejado el ministerio para casarse ahora se preguntarán por qué se aceptan los ministros casados, y podrían, quizá no sin fundamento, solicitar también ellos una ‘Constitución’ que tenga en cuenta su situación”. Sin embargo, la presencia de sacerdotes no célibes no es una novedad en la iglesia católica: el Código de Derecho Canónico para las Iglesias Orientales, de 1982, prevé que los sacerdotes católicos melquitas, uniatas ucranianos y siríacos, por ejemplo, no estén ligados a la disciplina del celibato.

No acaban aquí los problemas. Según Damian Thompson, “citando buenas fuentes de Roma”, al interno de sendas iglesias han surgido significativos obstáculos a la iniciativa papal. “Tanto el palacio de Lambeth como el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos se oponían implacablemente al arreglo de Benedicto XVI para los anglicanos. El arzobispo Rowan Williams habría presionado a los ecumenistas del Vaticano para frenar la Constitución Apostólica, llegando incluso a covencer al cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo, de que no se trataba de una buena idea”.

Cuando, en septiembre de 2010, Benedicto XVI visite Inglaterra y beatifique al más famoso converso del anglicanismo, el cardenal Newman, las aguas estarán más calmadas. Y la historia dirá quién tenía razón. La Iglesia, fiel a su empeño ecuménico, no trabaja con la perspectiva de años sino de siglos.

Posteado por: Julio J. | 18 Octubre 2009

¿Qué ha pasado en España el 17-O?

Si un extranjero consultase los periódicos españoles del 18 de octubre, es probable que reste confuso:  mientras algunos diarios dedican sus portadas en exclusiva, con grandes titulares y amplias fotos, a la manifestación por la vida y contra el aborto en Madrid, secundada por más de un millón de personas, otros en cambio recogen esta noticia en un muy discreto segundo plano.

El Mundo

El-País

¿Qué ha sucedido en España el 17-O? De acuerdo con dos datos ofrecidos por la organización, en la manifestación contra el aborto y a favor de la vida hubo “más de un millón y medio” de participantes, “en torno a a 1.200.000″, según la Comunidad de Madrid, “265.000″, según los cálculos del periódico El País, “250.000″, de acuerdo con los datos ofrecidos por la Policía Nacional y “55.000″ según la agencia EFE. Difícil hacerse una idea aproximada de las dimensiones de la manifestación.

El núcleo de la noticia tampoco parece claro. ¿Se trata de una iniciativa ciudadana o de una nueva maniobra del PP para desgastar el ejecutivo socialista? Los periódicos de la izquierda, como el diario Público, destacan de un modo obsesivo la presencia “hipócrita” de algunos políticos del centro-derecha, entre otros José María Aznar. “El aborto sólo preocupa a la derecha -clamó hace unos días el secretario de organización de los socialistas, José Blanco- cuando gobierna la izquierda. ¿Por qué no derogaron la ley en sus ocho años de gobierno?”. Objección que parecen compartir algunos de los manifestantes, muy críticos con los políticos del Partido Popular, especialmente con su líder, mariano Rajoy, que se ha expresado públicamente partidario de la ley de aborto en su redacción de 1985.

Los medios pro-gubernamentales son incapaces de ver, o ignoran deliberadamente el gran mérito de esta manifestación, la más numerosa contra el aborto en la historia de la democracia española. Su organización ha corrido a cargo de 42 asociaciones y movimientos civiles, y la presencia oficial de partidos políticos u organizaciones religiosas estaba expresamente prohibido. Quiso ser, y así ha sido, una expresión de la vitalidad, los valores y la capacidad de organización de la sociedad civil.

La Razón

La chispa que ha encendido esta gran hoguera por la vida ha sido la reforma de la ley del aborto propuesta por Zapatero: una reforma que no aparecía en el programa electoral con el que el PSOE concurrió a las elecciones -y que por lo tanto no ha sido votada por los ciudadanos-, que no cuenta con el consenso social y que se basa en los más radicales postulados de la ideología de género, consagrando el aborto como un “derecho de la mujer”.

17-O.

Evidentemente, detrás de muchas de las organizaciones, a pesar de la aconfesionalidad de la marcha, había muchos católicos, y la movilización de las parroquias y movimientos apostólicos ha sido extraordinario. No sólo eso. También había grupos de izquierda, agnósticos y ateos entre los participantes. Como el caso del concejal socialista de la localidad sevillana de Paradas, que ha asegurado que entregará el carnet del partido el día que se apruebe la nueva ley del aborto y que animó -inútilmente- a todos los socialistas contrarios a esta ley a salir a la calle.

En las anteriores manifestaciones contra la ingeniería social del gobierno Zapatero, como la del matrimonio homosexual, el divorcio express o la investigación con células madre, la presencia de obispos y de políticos del Partido Popular fue la justificación fácil para que el gobierno despreciara las demandas ciudadanas. El mismo reflejo tuvo ayer la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, al valorar la protesta: “Son los mismos eslóganes de hace 25 años. El debate aborto sí/aborto no está superado”.

La ministra de Igualdad, Bibiana Aído hace unos meses se preguntó indignada en un programa televisivo porqué una joven de 16 años puede “ponerse tetas” (en referencia a la operación de aumento de pecho) sin permiso paterno y no abortar; la misma que, en una entrevista a la cadena SER, aseguró que “un feto de 13 semanas es un ser vivo, pero no un ser humano. Eso carece de toda base científica”.

Por mucho que se empeñen los polìticos en analizar la realidad desde las categorías de la lucha partidística y el beneficio electoral, la manifestación por la vida de Madrid reveló que la sociedad civil en España está viva y goza de buena salud. O al menos un “pequeño resto”, que es capaz de movilizarse contra una de las legislaciones abortistas más permisivas del mundo, que consagra el aborto no ya como un delito despenalizado en ciertos casos, sino como un derecho de la mujer, que podría abortar libremente hasta la 14º semana de gestación, o hasta la 22º, en caso malformación o riesgo físico y psicológico para la mujer. Una sociedad civil que no se conforma con una tasa de 112.000 abortos en 2007 (en los últimos 10 años, los abortos han aumentado un 126% en España, mientras que se reducen paulatinamente en toda Europa, y se teme que las cifras oficiales estén fuertemente reducidas). Una sociedad que rechaza los argumentos y falacias gubernamentales, que equiparan aborto con libertad y progreso, que acusan a las personas y movimientos provida de querer encarcelar a las mujeres que aborten, que dificultan la objección de conciencia del personal médico y que blindan el negocio de los empresarios abortistas.  Una sociedad que no se resigna a que las jóvenes de 16 años, que no pueden comprar tabaco o alcohol ni ir de excursión con el Instituto, puedan en cambio abortar sin el permiso ni la información a sus padres. Una sociedad, en fin, que no están de acuerdo a que, como asegura la ministra de Sanidad Trinidad Jiménez, el debate sobre el aborto sea en España un asunto cerrado.

Aborto=genocidio

No, el aborto no es un derecho. Es más bien una tragedia humana en la que la víctima no es sólo el bebé eliminado, sino principalmente la mujer, que carga con las secuelas psicológicas de su decisión por toda su vida. Ante un embarazo dificultoso, la sociedad y el Estado no ofrecen más ayuda o apoyo que la salida del aborto. En lugar de eliminar las dificultades e impedimentos que rodean a la mujer, se opta por eliminar la vida en gestación.

El aborto desaparecerá como ha desaparecido la escavitud“, aseguró Ignacio Arsuaga, presidente de la plataforma Hazte Oír, uno de los organizadores del evento. Una encuesta reciente revelaba que la mayoría de los españoles está en contra de la reforma de Zapatero, y consideran que, en caso de reformar la actual ley, debería ser en términos más restrictivos, para promover los nacimientos y las políticas familiares, en las cuales España es uno de los países más tacaños de Europa. España es, desde hace algunos años, el país de más baja tasa de fecundidad del mundo y con una población en la que, en 2050, los mayores de 65 años serán el 40% del total.

Para el ejecutivo socialista es más cómodo situar la polémica no en el plano de los valores sino del conflicto político. No se dan cuenta que la manifestación de ayer no era una cita del PP, ni de la Conferencia Episcopal. Eran los ciudadanos comunes, madrileños y españoles llegados de todas las ciudades del país, que piden que su voz sea escuchada y se recupere el consenso en un asunto tan delicado como es el derecho a la vida.

Miguel Navarro, un joven participante de la manifestación del 17 de octubre, aseguraba defender el derecho a la vida precisamente desde la ideología de izquierdas. Muchos manifestantes le miraban con sorpresa, pero él se justificaba: “Los que defienden la justicia tienen que defender la vida, ¿no? Es incongruente defender la justicia social y acabar con las vidas de los niños que están en los vientres de las madres“. Daniel Jiménez, ciudadano que se califica de “apolítico”, considera que su “no al aborto” se basa en el sentido común: “Esta ley es un tremendo atropello. No puede ser que lo que es un delito pase a ser un derecho“.

Lo progresista es defender la vida

Los editoriales de los más importantes periódicos españoles recogían este sentimiento popular. Así, el diario La Razón aseguraba que “todavía algunas voces socialistas definían el magnífico acontecimiento de Madrid como una cita de los grupos de ultraderecha, la Iglesia católica y el Partido Popular para hacer desfilar a la España negra por la capital. Lo que esconde el insulto y la difamación contra esa mayoría que disiente pacíficamente de la cultura de la muerte impulsada por la izquierda es la falta de argumentos para sostener una reforma aberrante en lo moral, inconstitucional en lo jurídico y fraudulenta en lo político, pues el PSOE no la incluyó en su programa electoral“.

Posiblemente tenga razón Juan José García Noblejas en su blog cuando equipara a los acontecimientos vividos el 17-O en Madrid con el movimiento por los derechos civiles que desembocaron en la abolición de la esclavitud en Estados Unidos. La sociedad española debe despertar su conciencia, tal vez adormecida, para evitar el genocidio más grande que ha conocido nuestro país desde sus orígenes, el hecho de que a miles de niños cada año se les impida vivir ya desde el vientre de su madre.

Abortar es matar a un ser humano inocente

Texto de la nueva ley del aborto, llamada “Ley de Salud reproductiva y sexual“.

Posteado por: Julio J. | 13 Octubre 2009

La batalla de los crucifijos

La batalla de los símbolos religiosos ha conocido en España su último episodio en las semanas anteriores. Después de la polémica en el colegio Macías Picavea de Valladolid, de noviembre de 2008, en la que un juez emitió una sentencia en la que obligaba a la retirada de los crucifijos de las aulas, esta vez el turno ha sido para la localidad de Baeza.

Como se ve en el video, el alcalde de Baena y senador por Córdoba Luis Moreno, del partido socialista, el mismo que el presidente Zapatero, rechaza la petición de los concejales comunistas de Izquierda Unida de retirar el crucifijo que preside las sesiones en el ayuntamiento. Según Izquierda Unida, acogiéndose al artículo 16 de la Constitución española, la presencia de crucifijos atenta contra las libertades y los derechos fundamentales de los ciudadanos. Para el grupo comunista, la aconfesionalidad del Estado pasa por la retirada de todos los símbolos y manifestaciones de la religión católica.

El alcalde recuerda el mismo artículo 16 de la Constitución, utilizado por IU en su propuesta. En él se señala que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española“. Pero según Luis Moreno su decisión se basa precisamente en ese respecto al que obliga la Constitución:

La inmensa mayoría de la sociedad española es cristiana. La inmensa mayoría de los baenenses se consideran cristianos. Basta con observarles cómo ustedes de IU corren debajo de los santos para portarlos en procesión o cómo corren detrás del obispo para besar su mano. Este crucifijo ni atenta contra la Constitución, ni mucho menos contra los derechos de los ciudadanos de Baena. Este Cristo estará aquí mientras yo sea alcalde.

Sin entrar en los pormenores de este caso, la polémica que sacude la localidad cordobesa es manifestación de una corriente de fondo perceptible en la sociedad española en los últimos años. El gobierno autonómico de Andalucía, siguiendo la sentencia del juez vallisoletano, ha solicitado también la retirada de los símbolos religiosos de las escuelas de esta comunidad. El ministro de Justicia, Francisco Caamaño, está redactando una nueva ley de Libertad Religiosa que sustituya la vigente, de 1980, considerada “obsoleta“. Los grupos laicistas que han promovido la retirada de los crucifijos en la escuela de Valladolid no se dan por satisfechos: todos los símbolos religiosos deben ser retirados, incluso aquellos con valor artístico o cultural, que, como prometío el ministro de Justicia serían conservados en su emplazamiento. Según tales grupos, el lugar de estas obras de arte son los museos, no el espacio público.

Pero la oleada laicista no acaba aquí: en marzo, el Congreso de los Diputados, aceptó a trámite la propuesta de reprobación de Benedicto XVI por sus palabras sobre la prevención del SIDA y los preservativo, de camino a África. Los ataques contra edificios, símbolos o ministros católicos se han multiplicado: Barcelona, Madrid, Pamplona y Toledo representan  los ejemplos más claros. En enero, en la misma capital catalana, los autobuses pasearon por las calles de la ciudad un mensaje publicitario en favor del ateísmo. Una reciente manifestación de abortistas y feministas en Valladolid  declaraba su intención de “quemar la Conferencia Episcopal“. El presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, a pesar de su probada competencia profesional, sólo tiene un problema: ser demasiado religioso“. Por no hablar de la campaña en favor de la apostasía, de la publicidad del Partido Socialista en las últimas elecciones europeas, de la ley del aborto libre, de la última película de Alejandro Amenábar, Agora, los constantes ataques a la religión católica desde los medios de comunicación, como la parodia emitida por el canal La Sexta bajo el título de “Salvados por… la Iglesia”. Los ejemplos, por desgracia, se multiplican…

Apostatar es una fiesta

Arderéis como en el 36

Evidentemente, no se trata de un fenómeno aislado. El caso del alcalde de Baena constituye un raro ejemplo de sentido común, en el que prevalece la aceptación serena de las raíces culturales de un país, en lugar del fanatismo laicista, empeñado en borrar las huellas de todo lo que suene a cristiano y recluir el fenómeno religioso en el ámbito estrictamente privado.

Lo que no saben los laicistas es que negando el carácter público de toda religión se atenta contra la libertad religiosa, que es uno de los derechos fundamentales del hombre, recogido en la Declaración de los Derechos Humanos y en la misma Constitución Española. La persona no debe renunciar a una dimensión básica de su identidad, las creencias, cuando ejerce su ciudadanía; al contrario, los fermentos religiosos son de gran utilidad para la construcción de una sociedad libre, próspera y humana, como ha sabido valorar Nicolas Sarkozy e incluso destacados miembros del partidos socialista español.

La defensa de las raíces cristianas de Europa no ignora el hecho de que la sociedad actual es plural, en ella conviven diversas religiones y cosmovisiones, y que los “frutos” de Europa han dejado hace décadas, o tal vez siglos, de ser cristianos. Como han señalado algunos intelectuales, como Marcello Pera o George Weigel, fenómenos como la crisis de natalidad, la promoción del aborto y la eutanasia, no son sino síntomas del declive de la civilización europea.

Sin embargo, la solución a la crisis actual no se encuentra ni en la negación de la evidencia histórica del papel fundamental del cristianismo en la configuracion de la cultura occidental, ni en el rechazo de los valores que propone el cristianismo.

¡Europa, descúbrete a ti misma!, invitó el papa Juan Pablo II en Santiago de Compostela en 1982. Hoy su grito resuena con más fuerza que nunca y nos invita a mirar el futuro con esperanza.

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