Posteado por: Julio J. | 15 febrero 2010

La vocación de san Mateo, de Caravaggio

Vio Jesús a un hombre que se llamaba Mateo, sentado en la oficina de impuestos, y le dijo:

-Sígueme.

Él se levantó y lo siguió.

Mateo 9, 9

Este es el primer gran cuadro de Caravaggio en el que, para acentuar la tensión dramática de la escena y focalizar sobre los protagonistas la atención del que observa, sumerge la imagen en una penumbra oscura de la que sólo emergen los rostros, las manos y los objetos en los que el pintor quiere que centremos la mirada.

Mateo era un cobrador de impuestos, y el dinero visible sobre la mesa simboliza la avaricia terrena. Aquellos que, como Mateo y los dos jóvenes, levantan la mirada de lo material hacia Cristo y se dan cuenta de su luz, se salvarán; en cambio, los que no responden a su llamada, como el anciano con gafas (¿cegado por el dinero?) y el tercer joven que continúa contando ávidamente las monedas, serán destinados a perderse. Cristo, según el evangelio de Juan, es la “Luz verdadera que ilumina a todo hombre”, pero “las tinieblas no le recibieron”. El teólogo jesuita Juan Maldonado, en el siglo XVI, explicaba esta dialéctica entre luz y tinieblas del siguiente modo: “Si algunas personas no son iluminadas es porque no quieren recibir la luz que se les ofrece, es decir, no quieren ser iluminados”. Caravaggio trata de reflejar en este cuadro, por tanto, la compleja relación entre la libertad humana y la gracia divina.

La luz, símbolo de la gracia, que emana de Cristo, desciende sobre todos los hombres, y ofrece a todos una posibilidad de salvación. No en vano la luz no procede de la ventana visible sino de la figura de Cristo. Corresponde a cada uno elegir el camino de la obediencia a Cristo o la vía contraria; elegir entre la gracia y la perdición. Era esta la tesis católica a la que se oponía vivamente el protestantismo francés, que sostenía que la salvación no depende de la voluntad de los hombres sino de la predestinación.

La iglesia de san Luis de los Franceses, que alberga este cuadro, representa la nación francesa en Roma, y el rey de Francia, Enrique IV, se acababa de convertir del protestantismo al catolicismo, con consecuencias políticas de largo alcance. Enrique IV fue solemnemente absuelto por el Papa Clemente VIII con una bula en 1595, en la cual encontramos precisamente el tema de la luz y las tinieblas, que Caravaggio retoma en esta obra: “Estabas muerto por el pecado, y el Señor te vivificó en Cristo. Pensemos en la sobreabundancia de la gracia divina en tu conversión y reflexionemos cómo tú, de la más densa oscuridad del error y la herejía, casi desde el abismo del mal, por un acto poderoso de la diestra del Señor, has venido a la luz de la verdad”.

Este “acto poderoso de la diestra del Señor” es evocado por Caravaggio citando a Miguel Ángel, en el gesto imperioso de Cristo, que con la mano derecha apunta a Mateo, y éste, aún dudoso, se señala a sí mismo, como preguntándose: “¿Me llamas de verdad a mí?

En esta oficina, dos grupos de personajes se distinguen por sus vestidos. A la izquierda, las personas que rodean a san Mateo están vestidas como los contemporáneos de Caravaggio; Cristo y san Pedro, sin embargo, portan vestidos del siglo I. De este modo, la escena transcurre fuera del tiempo histórico para hacer que el espectador entre en esta escena evangélica. La llamada de Cristo se realiza a los hombres de todo tiempo y cultura, sea cual sea su oficio, su pasado o su condición.

Con el mismo gesto de Adán en la famosa pintura de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, Cristo, el nuevo Adán, prolonga la creación del hombre por parte de Dios, en vocación a seguir su llamada. La vocación, así, se convierte en una nueva creación, en la que Cristo ofrece una nueva vida y hace del hombre un hombre nuevo.

Esta misma mano que traspasa el vacío divide también los dos grupos de personajes: es la separación entre lo humano y lo divino, entre el pecado y la gracia. Este signo se convierte así en la apertura de la alianza entre Dios y los hombres realizada en el don de la gracia, que es fruto de la iniciativa de Cristo. Con este gesto, Dios ha dado inicio a un diálogo con los hombres, representado aquí en el instante mismo de la llamada de Jesús a Mateo.

Sobre la mano de Cristo, una ventana abierta con  forma de cruz anuncia la muerte y la resurrección de Cristo, con la cual se perdonan los pecados. La vocación de Mateo se convierte de este modo no sólo en el perdón de sus pecados sino también en un renacimiento, el paso de la muerte a la vida, de la sombra a la luz. Posiblemente Caravaggio, de temperamento violento y extravagante, acusado de cometer un homicidio, se haya reflejado en el personaje de Mateo, el cobrador de impuestos, pero redimido por Cristo con su gracia y su llamada a una nueva vida.

En el cuadro, Cristo sale de la sombra, y su entrada en la habitación no es apabullante; como la luz que acompaña su llamada, toca a todos los personajes, especialmente a Mateo y al otro personaje que está a su lado, pero no llama la atención ni del joven ni del anciano que, a la izquierda, siguen contando el dinero, y prácticamente no son iluminados por él.

El rostro de los distintos personajes expresan cierta distancia respecto a la escena: ¿indiferencia? ¿sorpresa? ¿desconfianza? ¿disponibilidad? Tantas actitudes como respuestas posibles existen a la llamada de Dios.

Mateo tiene una mano apoyada en el dinero, pero con la otra duda en presentarse. Aún no se ha levantado, y su expresión es de sorpresa: toda la escena se desarrolla en el instante mismo en el que pasa la Gracia. Cristo espera la respuesta de Mateo, que deberá dejar su dinero para seguir a estos hombres, cuyos pies descalzos expresan su pobreza.

San Pedro se encuentra entre el espectador y Cristo. Es la persona sobre la que Cristo ha fundado su Iglesia, mediadora entre Dios y los hombres. De este modo, la Iglesia repite a su vez el gesto de Cristo que nos invita a seguirlo. De este modo, Caravaggio quiere expresar que Cristo, a través de su Iglesia, continúa llamando hombres de toda época y lugar para repetir los gestos instituidos por él, los sacramentos, a través de los cuales la gracia y la salvación sigue llegando a la Humanidad.

Posteado por: Julio J. | 15 febrero 2010

Es Cuaresma: ¡ayuna de sms!

Érase una vez los clásicos ayunos cuaresmales: no comer dulces, renunciar a un juguete, dejar a un lado los cigarros o la comida favorita. Decir “no” a los pequeños placeres para dedicar el dinero ahorrado a los pobres. Se trata de una ascesis que ya no sirve para el tercer milenio?

Hemos preguntado a algunos teólogos y religiosos, escritores y psicoterapeutas, por el sentido y la posible actualización de las penitencias cuaresmales. “Creo que toda práctica religiosa merece respeto. Suponen una disciplina que ayuda a la persona a poner los pies en el suelo y la fortifica”, en opinión del escritor Erri de Luca. “La ascesis nos ayuda a confrontarnos con nosotros mismos, con nuestros límites. La finalidad de las renuncias y mortificaciones es despejar el corazón para que pueda identificar más claramente lo esencial”.

Este proceso que es válido independientemente del hecho de ser creyente, transversal a las religiones y las culturas. Saberse controlar y limitar viene bien”, explica el teólogo Gennaro Matino. “Quien considera estas prácticas superadas se opone a un camino pedagógico propuesto por la Iglesia para la formación personal. En definitiva, las renuncias cuaresmales ayudan a madurar, hacen el corazón más libre para dilatarlo. La naturaleza bíblica de la renuncia no es el privarse, sino el probarse en un tiempo de desierto para fortalecerse y encontrar al otro”.

Posiblemente uno de los ámbitos más favorables a esta nueva ascesis es el de la comunicación digital: el año pasado, la diócesis de Trento había propuesto a sus feligreses ayunar de Facebook, y la de Módena, Bari y Pesaro habían sugerido renunciar a los sms. También en el 2009 un sondeo de la revista Donna Moderna revelaba que el 46% de los entrevistados estaba dispuesto a no acceder a las redes sociales, mientras que el 18% afirmaba ser capaz de renunciar a los mensajes de texto.

Francesco Gesualdi ofrece otra motivación: “La austeridad es hoy una exigencia para la supervivencia de la sociedad. Nuestro exceso de consumo está llevando al planeta al colapso. Solamente una actitud permanente de renuncia, un replanteamiento de nuestro nivel de vida, puede garantizar un porvenir al mundo. Menos coches, más transporte público; menos productos globalizados, más productos locales; menos agua embotellada, más agua de grifo; menos comida precocinada y congelada, más tiempo en la cocina y productos de temporada; menos usar y tirar, más reciclaje”.

El psicoanalista Fulvio Scaparro está convencido de que  “renunciando a lo superfluo nos podemos concentrar mejor en lo que cuenta de verdad en la vida. La renuncia no es un fin en sí misma, sino la esencia de las elecciones pequeñas y grandes que se presentan cada día. Elegir significa recorrer un camino y renunciar a otros. Y esto se aprende desde niños, con pequeños gestos; los niños necesitan aprender a diferir en el tiempo algunos deseos y gratificaciones, porque forma parte del proceso de maduración tener bajo control los impulsos”.

Anna Oliverio Ferraris, profesora de Psicología del Desarrollo en la universidad de La Sapienza, de Roma, puntualiza: “Existen renuncias a la medida de los niños: son aquellas que encierran un aspecto positivo, por ejemplo, limitar las horas delante de la televisión, no aplazar una tarea desagradable sino realizarla pronto, echar una mano en las tareas domésticas…”.

Para la benedictina Benedetta Zorzi, “se trata de acciones asumidas conscientemente y, al mismo tiempo, signos personales, expresión de la alegría de dirigirse al encuentro de Dios. Cada uno sabrá si para esto debe privarse de un poco de comida, horas de sueño, conversaciones inútiles o distracciones, para ayudar a nuestras potencialidades a estar en equilibrio, de modo que, en vez de disiparnos y atomizarnos, nos conduzcan al fin verdadero para el que hemos sido creados. El entrenamiento, la ascesis, el freno, forman parte de la pedagogía de cualquier deseo”.

En España, la universidad de Sevilla ha introducido una nueva normativa sobre el desarrollo de los exámenes escritos, decretando que todos los estudiantes  tienen derecho a completar las pruebas, incluso cuando fueran sorprendidos copiando. En ese caso, la cuestión se someterá a una comisión de garantía que decidirá, en base a la protesta del estudiante, si el profesor tiene pruebas suficientes de que el estudiante ha copiado o si se ha excedido solicitando la anulación del examen. No sólo eso: la normativa precisa que los profesores “tienen prohibido” secuestrar el teléfono móvil, y si quisieran secuestrar las chuletas u otras pruebas del “delito”, deberían dar un aviso escrito al alumno, para que este pueda defenderse ante la comisión. El nuevo reglamento, además, contiene la abolición de cualquier obligación de asistencia a clase: como mucho, se podrá premiar a los alumnos que frecuentan las lecciones, pero no penalizar a los que no lo hacen.

Afortunadamente, las reacciones de la prensa española son casi unánimemente de desconcierto y desolación, aunque el coro no es unánime: el ministro español de Educación, Ángel Gabilondo (en su juventud fue religioso del Sagrado Corazón ) ha defendido la universidad de Sevilla sosteniendo que la línea elegida es justa, ya que es necesario “buscar formas de examen que no dependan de la memoria, del copiar o no copiar. Espero que encontremos fórmulas de aprendizaje suficientemente innovadoras, de evaluación continua, que no exijan hacer exámenes convencionales”.

En definitiva, para evitar la perspectiva mnemónica, la solución está en recurrir a la memoria colectiva: “¿No te acuerdas tu? Entonces te lo recuerdo yo, y lo que yo no sé me lo dices tu”. Así hacemos un examen magnífico que no depende de copiar o no copiar. Pero la incapacidad de resolver un problema matemático, o el hecho de escribir un texto con faltas de ortografía y errores gramaticales no es cuestión de memoria sino de falta de los elementos de base, de los medios y de las capacidades fundamentales, que a menudo dependen de la memoria.

El señor ministro, en cambio, cree que la solución está en la evaluación continua sin exámenes convencionales: vieja cantinela demagógica fruto de la pedagogía del 68 y reeditada por la didáctica innovativa postmoderna.

En Estados Unidos, copiar es considerado un acto inmoral. Y es justo que sea así, porque probar las propias capacidades honestamente es el deber más importante de un estudiante, de un modo continuo o puntual. En Europa, en cambio, la demagogia y la dictadura de los expertos riza el rizo del despropósito. Preguntarse por qué las cosas van mal es una pura pérdida de tiempo: la respuesta es una educación que no valora la excelencia, la superación y el esfuerzo.

Posteado por: Julio J. | 14 febrero 2010

¿Homo sapiens u homo zappiens?

Eric Schmidt, uno de los directivos de Google, reflexionaba hace algunos días en un seminario del Forum de Davos sobre el impacto de las nuevas tecnologías en las nuevas generaciones: “Los chicos nacidos en la era digital leerán muchos menos libros y periódicos, lo cual a la larga incidirá en sus mecanismos de aprendizaje”. Tendrán una relación distinta con el conocimiento, “pero por el momento no sabemos cuál”.

En realidad, los neurocientíficos y los estudiosos de la red se preguntan desde hace tiempo sobre el impacto de las tecnologías digitales sobre la mente humana, y el comportamiento de los jóvenes nacidos y crecidos en la Internet generation. Algunos de estos científicos señalan que el cambio más relevante respecto a las generaciones anteriores es el multitasking, es decir, la capacidad de usar simultáneamente varios instrumentos tecnológicos y de realizar al mismo tiempo varias tareas. Este proceso estaría adquiriendo las características de un auténtico cambio antropológico: el paso del homo sapiens al homo zappiens. Los chicos nacido en la era digital desarrollarían, en definitiva, habilidades mentales distintas: la capacidad de pensar en un modo no secuencial y de identificar los elementos esenciales en un magma de información, a la tendencia a sustituir los conocimientos mnemónicos con la habilidad en el uso de los motores de búsqueda.

Algunos científicos, como Adrian Cheok, que enseña en Japón y Singapur, Alex Pentland, del MIT de Boston, o Takeshi Natsuno, de la universidad de Yokohama, consideran que el multitasking es perceptible clínicamente: los jóvenes de la Internet generation sometidos a resonancias magnéticas revelan un mayor desarrollo de la corteza cerebral en el lóbulo frontal.

No todos los estudiosos alaban las bondades del multitasking: el biólogo molecular John Medina sostiene que “el cerebro es una estructura secuencial, hecho para gestionar un proceso a la vez. Imponerle el multitasking es como meter el pie derecho en el zapato izquierdo”. Jordan Grafman, del National Institute of Health, advertía que con el multitasking se cometen más errores y se es menos capaz de profundizar en los argumentos.

Sin embargo, los profetas de la novedad cantan apasionadamente las bondades del multitasking: Howard Rheingold, estudioso de la cibercultura de las comunidades virtuales, está convencido que los jóvenes digitales “representan la vanguardia de una nueva etapa de la evolución humana: quien teclea durante horas a gran velocidad sobre un iPhone desarrolla conexiones neuronales más complejas y ricas que quien está acostumbrado al ritmo más lento de un teclado”.

La cuestión sigue abierta, y sin duda dará mucho que hablar en los próximos años. Del mismo modo que la invención de la imprenta en el siglo XV produjo una serie de profundos cambios en cadena, que afectaron desde la política hasta la religión, la economía o la política, es de esperar que las nuevas tecnologías digitales ejerciten una influencia semejante. De momento, en Estados Unidos, la Edge Foundation, que reúne a un grupo de intelectuales de la ciencia y la filosofía que buscan un nuevo humanismo, se concentrarán este año en torno a una única pregunta: “¿Cómo está cambiando Internet nuestro modo de pensar?

Posteado por: Julio J. | 14 febrero 2010

Plantas o personas?

La posibilidad de comunicarse con personas en estado vegetativo, a través de algunas nuevas técnicas recientemente descubiertas, es sin duda un descubrimiento clave  en el sector. No en vano, una de las más importantes revistas médicas, el New England Journal of Medicine, ha dedicado su último editorial a dicho descubrimiento y ha puesto gratuitamente el artículo completo en su página web, para facilitar su difusión en todo el mundo.

A pesar de los avances científicos, los tópicos y las inercias ideológicas se resisten a morir. A raíz del caso del joven belga en estado vegetativo que ha respondido de acuerdo con la propia actividad cerebral a las preguntas de los médicos –que demuestra que estas personas no son en absoluto vegetales-, el periódico italiano Il Sole 24 Ore ha escrito: “Han dado voz a una planta”.

Hablar de estas personas como de vegetales, además de ofensivo para ellos y sus familias, es absolutamente inapropiado.  La expresión “estado vegetativo” significa simplemente que en estas personas continúa funcionando el sistema neurovegetativo, que permite la respiración, la actividad cardíaca y la circulación.  El primer estudio científico serio al respecto se publicó en 2006 en la revista Science por Adrian Owen. Lo han seguido otros estudios sobre la evidencia de la actividad cerebral de las personas en estado vegetativo, demostrando que no nos encontramos ante el limbo de la muerte y la vida, sino en una dramática condición de la que sabemos infelizmente muy poco, y que se refiere a personas profundamente  limitadas pero vivas.

Los enfermeros, médicos y familiares que conviven con estas personas lo expresan diariamente: la expresión del rostro cambia, se intuye el malestar o la serenidad, y la sonrisa no es el fruto solamente de contracciones musculares involuntarias.  Las respuestas varían, si su causa es mecánica o producto de una relación con una persona querida o conocida.

Que las personas en estado vegetativo no tengan conciencia de sí, por otra parte, es imposible de determinar con certeza, ya que no existen aún modos científicos de medir la conciencia, como podemos hacer en cambio con otros parámetros fisiológicos, que indican estados patológicos, como por ejemplo el colesterol o la temperatura.

Curiosamente, estos estudios se han hecho públicos en los días próximos al primer aniversario de la muerte de Eluana Englaro. Sin su dramática experiencia seguramente el gran público no prestaría tanta atención hacia un debate especializado. Quién sabe qué habrían revelado dichos análisis si entre los pacientes examinados hubiese estado también ella…

Posteado por: Julio J. | 21 diciembre 2009

Polémica episcopal: Munilla a San Sebastián

El pasado 21 de noviembre el papa Benedicto XVI nombró obispo de San Sebastián a José Ignacio Munilla, actualmente obispo de Palencia. En principio, la noticia debería ocupar, como los restantes nombramientos episcopales, unas pocas líneas en los periódicos locales. Sin embargo, este vez fue diferente. Ni San Sebastián es una diócesis cualquiera, ni José Ignacio Munilla es un obispo al uso.

De las tres diócesis vascas, la guipuzcoana es tal vez la que presente un carácter más puramente euskaldún; tierras antaño de gran tradición y profundas raíces religiosas, la secularización la está golpeando de un modo particularmente intenso. Cifras de práctica religiosa, de vocaciones religiosas, de alumnos matriculados en clases de religión bajo mínimos. Y José Ignacio Munilla, que  el 9 de enero tomará posesión de la catedral del Buen Pastor, es el segundo obispo más joven de España, responsable de la Pastoral Juvenil en la Conferencia Episcopal Española, habituado a la evangelización en los medios de comunicación, conocido por su claridad al exponer la doctrina cristiana, y párroco que dejó un recuerdo imborrable entre sus feligreses de Zumárraga, durante los 18 años que estuvo al frente de ellos.

Sin embargo, las reacciones no se han hecho esperar: la prensa no tardó en hacer conjeturas, denunciando que el nombramiento formaba parte de una estrategia bien programada para cambiar el rumbo de la iglesia vasca, y poniendo en evidencia el supuesto perfil ¨no nacionalista¨ y ¨ultraconservador¨ de Munilla. A finales de diciembre, un grupo de sacerdotes guipuzcoanos, el 77% de los párrocos, suscribieron una carta para expresar su ¨malestar¨ por el nombramiento. No han faltado tampoco golpes bajos, insultos e increíbles difamaciones, como la protagonizada por el franciscano de Aránzazu José Arregui, que ha acusado públicamente a Munilla de ¨conspiración¨, posteriormente desmentida por Xabier Murua, sucesor del obispo en la parroquia de Zumárraga. Declaraciones de políticos, de agentes sociales, grupos de apoyo en las redes sociales, páginas web que agrupan  los detractores… Quizá debemos remontarnos a 1995, cuando el abulense Ricardo Blázquez fue nombrado obispo de Bilbao, para recordar otra polémica semejante por un nombramiento episcopal.

No cabe duda de que la situación en el País Vasco es compleja, y que los factores políticos y religiosos se entremezclan. ¿Pero es justo utilizar paradigmas exclusivamente políticos para valorar este nombramiento?

Detrás del nombramiento de Munilla hay un deseo de revitalizar la Iglesia vasca, antaño una de las más fecundas de España. Se envía a la diócesis donostiarra a un obispo joven, preparado, dinámico, entusiasta y que no rehuye los medios de comunicación. Los sacerdotes que ahora protestan por el procedimiento de elección de obispos (y que no protestaron en ocasiones anteriores, en las que se siguió el mismo procedimiento), no tendrán más remedio que dejar a un lado los prejuicios y aceptar desde la fe el nuevo obispo, dispuestos a colaborar lealmente con él y a construir la comunión diocesana. Y el obispo, sin duda, tendrá que escuchar, saber delegar, coordinar y aceptar la legítima pluralidad eclesial, hasta hacerse con las riendas de una iglesia compleja, envejecida y politizada.

A partir del 9 de enero, veremos cuál es el Munilla verdadero: el duro e intransigente conservador que pintan sus detractores, mano derecha del cardenal Rouco en tierras vascas, o el cercano párroco que ayudaba a sus fieles a pasar el mono, el aizkolari de Dios, como lo han denominado algunas entrevistas. Los que le conocemos, sabemos que se va a ganar a la gente y se meterá la diócesis en el bolsillo con paciencia, humildad y fe.

Posteado por: Julio J. | 8 diciembre 2009

Ecología humana

Desde hoy hasta el 18 de diciembre los líderes de 192 países se encuentran en la capital danesa en uno de esos encuentros que marcan época. Se trata de la conferencia de la Onu (Cop15) cuyo objetivo es reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera para tratar de frenar el efecto invernadero. En las dos semanas que durarán los trabajos, numerosos científicos intentarán convencer a los políticos que el mundo se encuentra ante una alternativa vital: está en juego el futuro del planeta. Si fracasan los intentos de lograr un acuerdo para evitar el aumento de la temperatura media de la tierra, nos encaminamos hacia un escenario catastrófico, semejante al que Al Gore diseñó en su famoso documental ¨Una verdad incómoda¨.

Los intereses de los países ricos y pobres se contraponen. Mientras los primeros ya han realizado su industrialización, lanzando a la atmósfera el mayor porcentaje de CO2, los segundos prácticamente no han contribuido al calentamiento al no realizar aún su proceso de industrialización, por lo que creen que son los países ricos quienes deben reducir drásticamente sus emisiones, permitiendo a los pobres aumentarlas aún más. Por ejemplo, los Estados Unidos son responsables del 20,34% del CO2 mundial emitido anualmente a la atmósfera, y tienen únicamente el 4,59% de la población global. Al otro extremo aparece India, que emite un 4,46% del CO2 y tiene el 16,98% de los habitantes del planeta. Los países ricos, cuyas emisiones superan con mucho su demografía, tienen miedo que los grandes -Rusia, China, India, Brasil- les alcancen o impongan limitaciones, lo cual llevaría a una situación insostenible desde el punto de vista ambiental. Y el punto de partida no parece muy esperanzador: Estados Unidos se reunió hace un mes con China e India para preparar el encuentro de Copenhagen sin llegar a acuerdos concretos acerca la reducción de sus emisiones y abogando por llegar a compromisos de carácter estrictamente político.

Por otra parte, no todos los científicos comparten los temores de Al Gore y la revolución verde propuesta por Greenpeace. Un conjunto cada vez mayor de estudiosos aseguran que no existe una correlación entre el calentamiento global y la actividad humana, y sostienen que se trata de un período normal dentro de las variaciones climatológicas que periódicamente han afectado al planeta. En los últimos días su posición se ha fortalecido, desde que ha salido a la luz pública el llamado ¨Climagate¨: algunos de los más importantes exponentes de las teorías alarmistas se han intercambiado emails que hacen sospechar que los datos científicos han sido manipulados para desacreditar a sus opositores y acentuar la gravedad del cambio climático.

El papa Benedicto XVI, en el Ángelus del 6 de diciembre, ha ofrecido la clave de interpretación de este evento: más allá del debate científico, no es posible mantener el ritmo de vida y de consumo occidental, que no tiene en cuenta el equilibrio del planeta y la solidaridad hacia los más pobres y las generaciones futuras.

Deseo que los trabajos ayuden a individuar acciones respetuosas hacia la creación y que promuevan un desarrollo solidario, basado en la dignidad de la persona humana y orientado hacia el bien común. La salvaguarda de la Creación postula la adopción de estilos de vida sobrios y responsables, sobre todo hacia los pobres y las generaciones futuras.

No sabemos si el Vaticano participa o no en la reunión de Copenhagen, pero no hay duda de que las aportaciones de Benedicto XVI son ciertamente interesantes para situar el discurso en su contexto adecuado, el desarrollo humano integral. En sus palabras del domingo 6 de diciembre, el papa añadió una idea que viene repitiendo desde hace algún tiempo, la ¨ecología humana¨:

Invito a todas las personas de buena voluntad a respetar las leyes puestas por Dios en la naturaleza y a redescubrir la dimensión moral de la vida humana.

La ecología no es solamente el equilibrio del hombre con su entorno natural, sino también el respeto de la ley natural inscrita en su corazón. De la violación de esta ecología humana y de sus reglas morales nacen todos los desequilibrios que afectan las personas y las sociedades. Es una idea que Benedicto XVI lanzó ante los jóvenes en el Encuentro Mundial de la Juventud, en Sydney, y que posteriormente repitió y desarrolló en su discurso de felicitación navideña a los cardenales en 2008:

La Iglesia tiene una responsabilidad hacia la creación también en público. Y al hacerlo, debe defender no sólo la tierra, el aire y el agua como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger también al hombre, contra la destrucción de sí mismo. Por eso es preciso una ¨ecología del hombre¨, bien entendida. No es una metafísica  superada hablar de la naturaleza del ser humano, y pedir que este orden de la creación se respete. Se trata del hecho de la fe en el Creador y de la escucha del lenguaje de la creación, cuyo desprecio supondría la autodestrucción del hombre y l destrucción de la misma obra de Dios.  Los bosques tropicales merecen, evidentemente, nuestra protección, pero no la merece menos el hombre como creatura, en el cual se inscribe un mensaje que ni contradice nuestra libertad, sino que es condición para ella.

Los periódicos definen la reunión de Copenhagen como ¨11 días para salvar el mundo¨. El papa, que representa la sabiduría secular de la Iglesia y ve los hechos desde la perspectiva de Dios, sabe que la batalla por un futuro verdaderamente humano se juega en los despachos y las reuniones políticas, pero sobre todo en el corazón del hombre.

Posteado por: Julio J. | 3 diciembre 2009

Símbolos religiosos, parte 2: los minaretes en Suiza

El domingo pasado los suizos rechazaron en un referendum popular la posibilidad de construir en el país nuevos minaretes. La opción del no, promovida por algunos partidos conservadores, entre los cuales UDC, mayoritario en el Parlamento, obtuvo un 57% de votos y resultó vencedora en 19 de los 23 cantones helvéticos, con un total de 1,53 millones de adhesiones. Se trata del primer país europeo en incluir en su carta fundamental una medida orientada a frenar la extensión de la sharia (ley islámica) en Europa, y a limitar los derechos de una comunidad religiosa concreta.

Se trata de una importante decisión, ya que supone incluir en la Constitución del país alpino la prohibición de construir nuevos minaretes en las mezquitas (existen actualmente 4, para una población de 400.000 musulmanes, el 5,5% nacional). Los partidarios del sí alertaban contra la dominación lenta y silenciosa de los musulmanes, que aprovechando el régimen de libertades europeo, tienen como objetivo subvertirlo, instaurando a través de la natalidad una nueva cultura de matriz islámica. La amenaza, en este sentido, está representada en un ‘símbolo’, como el minarete, de la civilización musulmana. El cartel utilizado habla por sí sólo: sobre la bandera helvética se levantan una serie de minaretes, como bayonetas, al lado de una mujer cubierta con un burka. En color negro y grandes dimensiones, las palabra Stop!

Curiosamente, en el referendum del 29 de noviembre se convocaba a los cuidadanos para otra consulta, de la que casi no se ha hablado: la posibilidad o no de mantener las exportaciones suizas de armas al extranjero. Esta pregunta recibió una aprobación mayoritariamente positiva de la población, con un 68% de partidarios de continuar las exportaciones bélicas.

Este hecho tiene diversas lecturas, de las cuales la prensa se ha hecho abundante eco en los últimos días: las repercuiones económicas de la decisión, si los multimillonarios árabes deciden retirar sus fondos de los bancos suizos, las consecuencias políticas, como el efecto contagio a otros países europeos o la extensión de la islamofobia, la dimensión cultural del hecho… Sin embargo, me gustaría solamente centrarme en la dimesión religiosa de la noticia (la defensa de la libertad religiosa y la presencia pública de la religión en la sociedad), la interpretación política en España y la postura de la Iglesia católica.

La Conferencia Episcopal Suiza publicó en septiembre un comunicado aconsejando a los católicos a votar a favor de los minaretes. Según los obispos helvéticos, ¨los minaretes son el signo de la presencia pública de una religión¨, y por esta razón están en juego ¨los derechos corporativos de las religiones, la libertad de religión y culto¨. Aún reconociendo que no existe una reciprocidad en el trato que los cristianos reciben en los países musulmanes, los prelados concluyen su comunicado invitando a los católicos a una actitud de ¨aceptación mutua en el diálogo y el respeto¨. No es la primera vez que se pronunciaban en este sentido: ya en 2006 y en 2007, los obispos suizos se habían expresado a favor de la libertad religiosa y de culto, y la presencia de los símbolos religiosos en el espacio público. Una vez conocido el resultado del referendum, la Conferencia Episcopal Suiza ha hecho público un nuevo comunicado lamentando la ocasión perdida para ¨la integración en el diálogo y el respeto mutuo¨, y los obstáculos que supone para la ¨convivencia pacífica entre las religiones y culturas¨.

Nuestro gobierno patrio y sus acólitos mediáticos saludan con regocijo el veredicto de Estrasburgo de retirar los crucifijos de la escuela pública italiana y tratan de apoyarse en la jurisprudencia europea para promover la misma medida en España, mientras  tachan al mismo tiempo a los suizos de xenófobos, ultraderechistas, racistas e islamófobos. La pegunta entonces es obvia: ¿Por qué los paladines del diálogo de civilizaciones, la tolerancia y la laicidad, como nuestro ínclito Joan Tardà, se escandalizan con el no de los suizos a los minaretes mientras promueven el no español a los crucifijos? ¿No se trata, n ambos casos, de símbolos religiosos en el espacio público? El editorial del periódico ABC del 3 de diciembre pone en evidencia la hipocresía y la doble moral del discurso religioso de algunos de nuestros gobernantes, que ¨exhiben tolerancia y comprensión hacia los símbolos del islam, mientras en España se afanan en combatir la presencia de los crucifijos en las aulas porque son un símbolo católico que atenta contra el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones¨.

La única posición coherente y lógica, hasta el momento, es la de la Iglesia católica, que rechaza por una cuestión de principios tanto el no a los crucifijos como el no a los minaretes. En ambos casos se viola la libertad de conciencia y de religión.

Posteado por: Julio J. | 21 noviembre 2009

¿Es posible la belleza?

Recuerdo que fue en mis años de filósofo cuando descubrí que existe una asignatura dedicada al estudio de la belleza: la estética. Importantes pensadores han dedicado páginas y páginas en sus escritos a esta reflexión, más interesante de lo que parece a primera vista. ¿Existe un concepto universal de belleza? ¿Por qué algunas obras de arte nos parecen hermosas y otras no? ¿El arte debe reflejar o transcender la realidad?

Uno de los lugares donde la reflexión estética ha sido más cultivada ha sido la Iglesia católica. No en vano, es en ella donde han visto la luz algunas de las manifestaciones artísticas más geniales de la Humanidad. Sin embargo, la fecundidad estética de la Iglesia parece estar en crisis. El papa Pablo VI, en la década de los 70, denunció que una da las mayores tragedias de los tiempos modernos es el abismo que existe entre la fe y la cultura. La fe, que en otro tiempo supo traducirse y encarnarse en las más variadas formas artísticas (la arquitectura gótica, la pintura renacentista, las obras musicales de Bach…) en nuestros tiempos parece agotada e incapaz de producir obras bellas como en otro tiempo. Las iglesias contemporáneas parecen ¨garajes¨ o ¨centros comerciales¨, y no logran emocionar al hombre contemporáneo, tan necesitado, en medio de la civilización urbana, competitiva y materialista, de oasis de paz, belleza y transcendencia.

El sábado 21 de noviembre el papa se ha encontrado con cerca de 160 artistas de todo el mundo, creyentes y no creyentes, en la capilla Sixtina para ¨tejer un diálogo en la esperanza de que vuelva a surgir una alianza fecunda entre arte y fe¨, como explicó el presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, Gianfranco Ravasi, en la rueda de prensa en la cual se dio a conocer la iniciativa de Benedicto XVI.

Se trata de la tercera iniciativa del género, después del encuentro de Pablo VI con el mundo del arte en 1964 y de Juan Pablo II en 1999. En esta ocasión, sin embargo, la competencia en la materia y el interés personal de Benedicto XVI juegan un papel central. A lo largo de su pontificado, han sido numerosas su intervenciones sobre la belleza como vía privilegiada para acceder a la Transcendencia. El papa teólogo, criticado por algunos a causa de su excesivo racionalismo, explicaba en un encuentro con el clero de Bressanone, el 6 de agosto de 2008, lo siguiente:

“Para mí el arte y los santos son la mayor apología de nuestra fe. Los argumentos aducidos por la razón son muy importantes, y no se puede renunciar a ellos; pero luego, a pesar de ellos, sigue existiendo el disenso. En cambio, al contemplar a los santos, vemos que allí hay verdaderamente una fuerza del bien que resiste al paso de los milenios, allí está realmente la luz de luz. Del mismo modo, al contemplar las bellezas creadas por la fe, constatamos que son sencillamente la prueba viva de la fe.

Al escuchar las Pasiones de Bach, su Misa en si bemol, y las grandes composiciones espirituales de la polifonía del siglo XVI, de la escuela vienesa, de toda la música, incluso de compositores menos famosos, inmediatamente sentimos: ¡es verdad! Donde nacen obras de este tipo, está la Verdad. Sin una intuición que descubre el verdadero centro creador del mundo, no puede nacer esa belleza.

Por eso, cuando en nuestra época discutimos sobre la racionalidad de la fe, discutimos precisamente del hecho de que la razón no acaba donde acaban los descubrimientos experimentales, no acaba en el positivismo. Nosotros luchamos para que se amplíe la razón y, por tanto, para una razón que esté abierta también a la belleza, de modo que no deba dejarla aparte como algo totalmente diverso e irracional. El arte cristiano es un arte racional —pensemos en el arte gótico o en la gran música, o incluso en nuestro arte barroco—, pero es expresión artística de una razón muy amplia, en la que el corazón y la razón se encuentran. Esta es la cuestión. A mi parecer, esto es, de algún modo, la prueba de la verdad del cristianismo: el corazón y la razón se encuentran, la belleza y la verdad se tocan. Y cuanto más logremos nosotros mismos vivir en la belleza de la verdad, tanto más la fe podrá volver a ser creativa también en nuestro tiempo y a expresarse de forma artística convincente”.

La polémica acerca de las formas artísticas más adecuadas para expresar la fe no es nueva: los episodios más recientes tal vez hayan sido los protagonizados por la iglesia de Dios Padre Misericordioso, del arquitecto Richard Meyer, el nuevo leccionario litúrgico de la Conferencia Episcopal Italiana y el debate promovido por el periódico Avvenire sobre la relación entre el arte y la fe (aquí, aquí y aquí). Se trata de un debate de ideas que va más allá del terreno artístico: ¿es la estética el modo privilegiado de anunciar la Buena Noticia al hombre y la mujer del siglo XXI?

Según el selecto grupo de intelectuales, profesores y artistas, que han lanzado en las fechas que preceden tal encuentro un llamamiento al Papa por la ¨recuperación de un arte verdaderamente católico¨, la respuesta es afirmativa. En el documento-informe presentado al Papa, podemos leer la dura crítica que dichos estudiosos a la situación actual del arte religioso:

¨La Iglesia Católica experimenta, con gran turbación, confusión y perplejidad de sus fieles una nueva época marcada por la rebelión y el desprecio del arte contemporáneo hacia el realismo figurativo que durante milenios ha caracterizado el deseo de los diferentes lenguajes artísticos de ilustrar con riqueza, armonía y esplendor todas la realidades invisibles. Vemos crecer día a día edificios sagrados despojados de lo sacro y construidos sin ningún conocimiento de la liturgia; en nuestras iglesias abundan imágenes y simbolismos como mucho genéricamente “religiosos”, pero que no ilustran ninguna realidad genuinamente católica; nuestros sagrados Leccionarios rebosar de pueriles y deformes dibujos, y escuchamos cada vez más melodías y cantos que, por su carácter prosaico, no tienen ya nada que ver con la solemne tradición de la melopeya Gregoriana. En resumen, el arte y la arquitectura sacras no parecen favorecer hoy el encuentro dulce y vivificante con el único Dios verdadero, sino más bien obstaculizarlo y pervertirlo constantemente¨.

Después de enumerar las características de un arte verdaderamente cristiano y las causas de la crisis actual, los autores de dicho informe lanzan al papa el siguiente llamamiento:

¨Para que el arte y arquitectura sacras puedan volver a ser y a mostrarse verdadera y profundamente católicas; para que así las multitudes de fieles –también los más sencillos e ignorantes– puedan volver a asombrarse y a deleitarse con esta noble y penetrante belleza; para que en definitiva la Iglesia pueda revelarse – también en esta era de mundanas, irracionales y deseducativas barbaries– la única verdadera, concienzuda y atenta promotora y custodia de un arte nuevo y verdaderamente `original´, en condiciones hoy también de reflejar su ínclito y eterno Origen, es decir, el sentido más íntimo de la Belleza que resplandece en la Verdad de Cristo¨.

El papa Benedicto XVI sabe que el hombre contemporáneo está cansado de palabras, que en las ciudades grises es difícil encontrar espacios de paz y silencio, que el alma del hombre está llamada a transcenderse. Y sabe que, desde sus comienzos, la Iglesia ha sido uno de los oasis donde la genialidad humana se ha puesto al servicio de la Belleza, el Bien y la Verdad. Ojalá este encuentro con los artistas nos recuerde que sólo la contemplación de la belleza puede ayudar al hombre a descubrir y acercarse a la Belleza.

Posteado por: Julio J. | 17 noviembre 2009

2012: El fin del mundo…

Una de las películas más esperadas de los últimos meses ha sido 2012, del director alemán Roland Emmerich, estrenada el 13 de noviembre. No es la primera vez que Roland Emmerich se atreve con un argumento apocalíptico: suyas son, por ejemplo, ¨Independence Day¨ y ¨El día de mañana¨, ambas repletas de espectaculares efectos especiales sobre los eventos de los últimos días de la tierra.

El domingo, en la penúltima sesión de la jornada, a pesar de haber llegado al cine una hora antes del inicio del film, solamente quedaban 10 poltronas libres, en primera fila. Sin lugar a dudas, la campaña de promoción, en la que aparecía el derrumbamiento de la cúpula de san Pedro, había resultado eficaz.

La película sitúa el fin de los tiempos el día 21 de diciembre de 2012, de acuerdo con el calendario maya. En torno a esa fecha, la actividad solar se incrementaría, ocasionando grandes tormentas. Estas tormentas solares enviarían al espacio ingentes cantidades de partículas (los neutrinos), que provocarían en el planeta Tierra un efecto semejante al de un microondas: calentaría el núcleo de hierro terrestre, derritiendo las capas superiores y provocando grandes erupciones volcánicas, la apertura de fallas, el hundimiento de algunas zonas, enormes tsunamis, y el desplazamiento generalizado de los continentes.

Ante este panorama desolador, descubierto por un par de científicos en 2009, se avisa a las autoridades y los gobiernos de las principales naciones, que ponen en marcha un ambicioso proyecto: la construcción de unas gigantescas naves y la puesta en marcha de Proyecto de la Continuidad Humana, para salvar un grupo selecto de personas, animales y obras de arte.

El problema es que, para embarcar en dicha nave es preciso pagar 1.000 millones de euros, por lo cual sólo consiguen un billete los gobernantes de los países más desarrollados y los millonarios del mundo. El resto de la humanidad queda a merced de los cataclismos y perecerán en ellos.

El dilema ético de la película se fundamenta en un presupuesto profundamente egoísta. Puesto que para construir estas grandes arcas de Noé con las que salvar al menos a una pequeña parte de la Humanidad se necesitan cantidades ingentes de dinero, que sólo los multimillonarios pueden proporcionar, la entrada a estas naves está condicionada al poder adquisitivo de los candidatos.

Es cierto que el Proyecto Continuidad Humana ha seleccionado, además, a una serie de personas representativas de todas las razas, de acuerdo a criterios genéticos, para garantizar la supervivencia del género humano y la futura repoblación de la Tierra. Sin embargo, los gobernantes esconden hasta el último momento el destino del planeta a la población, impidiendo el caos y la anarquía pero al mismo tiempo su posible salvación o la puesta en marcha de planes alternativos.

El actor Oliver Platt representa a Carl Anheusser, el Secretario de Estado del presidente de los Estados Unidos. Es el único personaje en toda la película que se atreve a llamar por su nombre y a expresar sin tapujos que se trata de un plan egoísta e injusto, y reconocer que él se beneficia de todo ello sin problemas de conciencia. Los demás personajes tratan de tranquilizar su conciencia haciendo lo posible por dejar entrar a algunas personas más en la barca: los millonarios de la nave 6 que, por problemas imprevistos, no pudieron embarcar en su nave.

A lo largo de la película, las personas que presentan sentimientos de generosidad y sacrificio aparecen en un segundo plano y mueren sacrificadas en nombre del gran proyecto de la Nueva Arca de Noé. Así, por ejemplo, muere el presidente de los Estados Unidos, el científico que descubrió el calentamiento del núcleo de la tierra, el obrero chino que acogió a la familia de Curtis en la nave, el piloto ruso… Son personajes que sirven a los protagonistas para alcanzar sus objetivos pero sobre los cuales no se regresa, ni se profundiza en la descripción de sus motivaciones o actitudes.

Otro aspecto que me ha llamado poderosamente la atención ha sido el tratamiento del hecho religioso. No se trata de un argumento central, evidentemente, aunque toda la película juegue de uno u otro modo con la temática apocalíptica y pseudorreligiosa. Pero sí resulta llamativo que la única religión positivamente descrita sea el budismo: mientras que los representantes de esta religión aguardan el final con un sentimiento de serenidad, los cristianos, representados por el Papa, los cardenales y una masa de fieles que rezan en la plaza de San Pedro, son aplastados entre gritos de angustia por la cúpula que se desploma sobre ellos. Varios profetas apocalípticos aparecen en los días finales para advertir a la población de la cercana hecatombe; cada uno, entre ellos el presidente de los Estados Unidos, se refugia en su creencia particular para evitar la angustia, sin que se profundice en el contenido o las motivaciones de las religiones.

Y desde luego, no parece casual que el calendario marque el día 27 del mes 1 del año 1, cuando las grandes naves se avecinan a las costas orientales de África, el único continente que sigue en pie. Se trata de una especie de nuevo comienzo, justo allí donde la especie humana vio por primera vez la luz, y la superación de la era cristiana, a cargo de un selecto grupo de elegidos por los Gobiernos según criterios del más puro darwinismo social.

Tal vez no haya que esperar al 2012 para que las predicciones de Emmerich o del calendario maya se cumplan. Hoy se concluyen los trabajos de la Asamblea General de la Fao sobre el hambre en el mundo, y la ONU ha declarado que cada día, en el mundo, mueren 17.000 niños de hambre. No es nuevo que el mundo, como ha declarado el Papa Benedicto XVI en su visita a la institución, ¨tiene recursos para alimentar a toda la humanidad¨, pero carece de voluntad política de afrontar el problema. Tampoco, quizá, sea casual que el estreno de la película coincida con el vértice entre China y Estados Unidos, previo al encuentro de Copenhagen sobre el calentamiento global, en el que las dos potencias más contaminantes del mundo han declarado que no tienen intención de reducir sus emisiones de CO2.

¿El fin del mundo está cerca? No lo sabemos. Pero nos tememos que la hipótesis de Emmerich sobre la actitud de los países más poderosos ante una calamidad semejante no diste mucho de la realidad.

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