Posteado por: Julio J. | 14 febrero 2010

En la universidad de Sevilla está permitido copiar en los exámenes

En España, la universidad de Sevilla ha introducido una nueva normativa sobre el desarrollo de los exámenes escritos, decretando que todos los estudiantes  tienen derecho a completar las pruebas, incluso cuando fueran sorprendidos copiando. En ese caso, la cuestión se someterá a una comisión de garantía que decidirá, en base a la protesta del estudiante, si el profesor tiene pruebas suficientes de que el estudiante ha copiado o si se ha excedido solicitando la anulación del examen. No sólo eso: la normativa precisa que los profesores “tienen prohibido” secuestrar el teléfono móvil, y si quisieran secuestrar las chuletas u otras pruebas del “delito”, deberían dar un aviso escrito al alumno, para que este pueda defenderse ante la comisión. El nuevo reglamento, además, contiene la abolición de cualquier obligación de asistencia a clase: como mucho, se podrá premiar a los alumnos que frecuentan las lecciones, pero no penalizar a los que no lo hacen.

Afortunadamente, las reacciones de la prensa española son casi unánimemente de desconcierto y desolación, aunque el coro no es unánime: el ministro español de Educación, Ángel Gabilondo (en su juventud fue religioso del Sagrado Corazón ) ha defendido la universidad de Sevilla sosteniendo que la línea elegida es justa, ya que es necesario “buscar formas de examen que no dependan de la memoria, del copiar o no copiar. Espero que encontremos fórmulas de aprendizaje suficientemente innovadoras, de evaluación continua, que no exijan hacer exámenes convencionales”.

En definitiva, para evitar la perspectiva mnemónica, la solución está en recurrir a la memoria colectiva: “¿No te acuerdas tu? Entonces te lo recuerdo yo, y lo que yo no sé me lo dices tu”. Así hacemos un examen magnífico que no depende de copiar o no copiar. Pero la incapacidad de resolver un problema matemático, o el hecho de escribir un texto con faltas de ortografía y errores gramaticales no es cuestión de memoria sino de falta de los elementos de base, de los medios y de las capacidades fundamentales, que a menudo dependen de la memoria.

El señor ministro, en cambio, cree que la solución está en la evaluación continua sin exámenes convencionales: vieja cantinela demagógica fruto de la pedagogía del 68 y reeditada por la didáctica innovativa postmoderna.

En Estados Unidos, copiar es considerado un acto inmoral. Y es justo que sea así, porque probar las propias capacidades honestamente es el deber más importante de un estudiante, de un modo continuo o puntual. En Europa, en cambio, la demagogia y la dictadura de los expertos riza el rizo del despropósito. Preguntarse por qué las cosas van mal es una pura pérdida de tiempo: la respuesta es una educación que no valora la excelencia, la superación y el esfuerzo.

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